martes 18 de junio de 2019 - Edición Nº2092
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Es hora de cerrar la grieta periodística

*Por Jorge Joury.- Hoy en el Día del Periodista, conviene reflexionar sobre este fenómeno multifacético que tiene "millones de razones" para subsistir. S


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Por:
Jorge Joury
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    ¿Dónde está la verdad?. Es lo que se preguntan millones de personas que a diario quieren informarse y escuchan opiniones que florecen como hongos venenosos en los canales de TV, de aire o de cable, da lo mismo. O los que recorren los principales portales de internet buscando una cuota de veracidad. O los que observan en los kioscos la tapa de los diarios y ven con estupor que la realidad no está en su justa dimensión, cuando le duele al Gobierno. Hoy en el Día del Periodista, conviene reflexionar sobre este fenómeno multifacético que tiene "millones de razones" para subsistir. Son muchos los ejemplos. Pero vamos a poner solo algunos. La idea es no dar nombres que todos conocemos. No  hacer periodismo de periodistas, no rinde para la profesión. Vamos arrancar entonces, por los medios que responden los grupos más poderosos. De una de las veredas relatan un "país maravilloso". Para afianzar vasos comunicantes con los oficialismos, siempre vaticinan que lo mejor está por venir. Toman a los ajustes como un remedio necesario. Nos repiten hasta el cansancio que antes nos regalaban la luz y el gas. Es la misma metodología de Bernardo Neustadt, que vuelve en el túnel del tiempo de la mano de Doña Rosa. ¿Se acuerdan cuando el veterano hombre de los lentes prominentes sostenía que hay que privatizar, porque el Estado es mala palabra y funde todo?. Hasta justifican la recesión y la inflación, como males necesarios para emerger del fondo del abismo. Y de paso meten miedo, aludiendo al  peligro de "regresar al pasado", por ejemplo, para el caso que no sea Mauricio Macri el elegido en octubre. 
    Desde la otra orilla, contestan mostrando el apocalipsis sobre la era Macri. Argumentan que todo lo que hace el Gobierno es para hundirnos en el fondo del mar y de paso nos refrescan las promesas incumplidas. También circula por la amplia autopista de la información, el "periodismo patrullero". Es el que toca sirena, metiéndose en la vida íntima de las personas, poniendo como fuente de credibilidad escuchas de dudosa procedencia, con aroma a servicios de inteligencia.
    Ninguna de esas postales ayudan a entender la realidad. Responden a los intereses económicos o políticos de algunos medios, que contagian el mal aliento de sus bocas y lo mimetizan en las lenguas de sus obedientes soldados. 
    En el caso de la prensa pro oficialista, lo primero es la pauta publicitaria, aunque haya que mentir para defender el próspero horizonte de la cuenta bancaria. Pero aclaremos para ser ecuánimes, que a los dos bandos no les importan los lectores, sino sus apetencias de grupo. Manipulan la realidad a gusto, como más les conviene, aún a costa de tapar hasta la corrupción, sobre todo si emerge desde un nicho que perjudica sus bolsillos. 
    Por eso hoy, 7 de junio, en  que se conmemora en nuestro país el “Día del Periodista”, conviene desmenuzar en carne viva algunas vivencias. Primero, decir que este año como el anterior, se ha agravado el marco de precarización de la profesión. Esta situación de crisis llegó con el cierre de fuentes de trabajo, bajos salarios y numerosas restricciones para el ejercicio profesional, que emergen desde las propias empresas.  
    Si bien no es justo decir que lo que sucede a los trabajadores de prensa tiene una importancia superlativa frente a lo que afecta a los asalariados en general, sí puede señalarse que desde el punto de vista del derecho a la comunicación y su vigencia, el cierre de medios de comunicación o su achicamiento, como viene sucediendo, implica una restricción del derecho a la comunicación y a la libertad de expresión. 
    El acceso a la información y la libertad de expresión están hoy amenazados. Mucho tiene que ver, la concentración de la propiedad de los medios. Son nichos que se han expandido con otros negocios como la telefonía. 
    Otra cuestión que se observa,  poco a poco, que con la complicidad del oficialismo, se van acallando voces con el inocultable propósito de ponerle un cerco a la pluralidad. Los medios públicos son la prueba más acabada. Aunque han hecho algunos avances tecnológicos, desde el punto de vista de la calidad informativa, aún están muy lejos de cumplir con su misión desde el punto de vista ciudadano.
    Quienes hemos entregado gran parte de nuestra vida a este ejercicio, donde los medios han ocupado más tiempo que nuestras familias, debemos decir que sin pluralidad de voces, sin diversidad informativa, se pone en riesgo la democracia. Porque en definitiva, es la ciudadanía la que se ve privada del insumo básico para tomar decisiones libres: la información variada y sin limitaciones.
    Y si profundizamos, no alcanza con poner la lupa en el sistema de medios masivos o en la industria cultural. Lo que hace falta es reparar del mismo modo en la llamada comunicación popular, comunitaria y alternativa, en los medios de pueblos originarios, independientes y cooperativos. Se trata de un espacio desde el cual también se garantiza el derecho a la comunicación al que estamos aludiendo. También estos ámbitos son fuentes de trabajo que hay que dignificar.
    Hasta el momento la gestión de Cambiemos, ha manejado la pauta oficial de forma absolutamente arbitraria y discriminatoria. Benefician con mano más generosa a los dueños de los monopolios y condenan a muerte a pequeñas voces de pueblos que en muchos casos llegan más profundamente a la verdad porque no tienen ataduras de ningún tipo.
    Los periodistas nos pasamos toda la vida debatiendo sobre si existe la libertad de prensa o la libertad de empresa. Se han escrito ríos de comentarios. Muchos se han golpeado el pecho con sus teorías libertarias, pero pocos se han animado a renunciar a sus tareas frente a las presiones editoriales. Menos, pararse y pegar un portazo frente a los patrones, para ratificarles que el honor no está en venta. Siempre hay tiempo para morir con las botas puestas, si se trata de dignificar la profesión. 
    Tuve el honor de fundar medios que se convirtieron en fenómenos periodísticos, con récord de ventas.Pero también me tocó morder el polvo con otros que no funcionaron frente a la realidad económica del país. Conozco los dos lados del mostrador. Pero debo decir que escribo en Diario Full, porque por primera vez en mi vida disfruto de mi presente. Nadie me puso filtro. Digo lo que pienso. Analizo la información con mi óptica, aunque pueda equivocarme. Pero no traiciono la letra del presente.Tampoco hago futurología con escenarios de prosperidad inalcanzables.
    En un día como hoy, lo más loable, es ratificar el compromiso frente a nuestros lectores. Que nos sigan creyendo porque somos como nos ven. En cuanto a los trolls, que permanentemente nos agravian, que sepan que no vamos a aflojar. No somos macristas, ni cristinistas. Ni fernandistas, ni massistas, ni lavagnistas, ni chavistas. Como tampoco bolsoneristas. Ni vestimos los colores de Boca o de River.  
    Si bien es cierto que existen metodologías sucias para contaminar el ambiente informativo, no todos somos iguales. No es justo colocarnos bajo la misma vara de la sospecha. Ya es hora que cerremos la grieta editorial y nos aboquemos solo a ser voceros de la realidad, lo más transparentes posible. Sin prestarnos a operaciones de ningún tipo. Por estas horas, es necesario recordar a los maestros. Agradecerles a quienes nos ayudaron a dar los primeros pasos. Los que nos enseñaron  a pronunciar la palabra mágica : ¡Somos Periodistas!. No nos resignemos a que nos roben la identidad, la credibilidad y la esperanza de seguir creciendo y opinando.
     
    (Este artículo está dedicado especialmente a Teódulo Domínguez, el gran profesor que me puso una luz en el camino).
     
    *Jorge Joury es licenciado en Ciencias de la Información, graduado en la UNLP y analista político. Su correo electrónico es jorgejoury@gmail.com. Si querés consultar su blogs, podés dirigirte al sitio: Jorge Joury De Tapas.
     

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