sábado 24 de agosto de 2019 - Edición Nº2159
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La gobernabilidad al palo

*Por Jorge Joury.- Mauricio Macri parece no haber leído con detenimiento el mensaje de las urnas. Ayer, llamó a una conferencia de prensa y terminó agitando nuevamente la polarización en su versión más extrema. Visiblemente enojado y con Pichetto a su lado mostrando cara de póker, evitó la más mínima autocrítica y apeló a la campaña del miedo. En esa dirección, le adjudicó al kirchnerismo, al Frente de Todos y, en consecuencia, a la mitad del electorado que votó por ese espacio, la responsabilidad por la tormenta financiera del lunes negro. "Yo voy a ayudar en lo que pueda", se limitó a prometer.


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Por:
Jorge Joury
 
El Presidente debería comprender que ese discurso está agotado. Se lo comunicó la sociedad en las urnas. Ni siquiera le sirvió tampoco agitar el fantasma de Venezuela. Con déficit cero no se come, ni se cura, ni se educa. Quedó en claro, que en la Argentina, nunca un oficialismo pudo ganar en recesión. Y estas elecciones no fueron la excepción. Le ocurrió a Cristina Kirchner en 2009, cuando perdió las legislativas de medio término, durante el año en que la crisis mundial golpeó al país. 
Macri también negó posibles cambios en el gabinete nacional, volvió a cerrarse dentro de una burbuja y aseguró que el Gobierno intentará revertir el revés electoral en octubre. Para el escritor y periodista Jorge Asis, la suerte del macrismo está echada y "su destino es nicho o tierra".
En cambio María Eugenia Vidal, trató de mostrar su mejor cara, junto al vice Daniel Salvador. Buscó una salida más inteligente para enderezar el barco. Habló de "corregir errores y escuchar a la gente". Bajo estas dos premisas la gobernadora evaluó la dura derrota electoral que sufrió en las PASO contra Axel Kicillof y anunció que ya empezó a trabajar en una batería de medidas concretas para instrumentar de aquí a octubre con la idea de repuntar una elección que se presenta a todas luces muy complicada.
Hay que decir además, que puertas adentro de la residencia de la calle 6, el clima es muy tenso y el aire se corta con una gillette. Por estas horas, existen señales irreconciliables y de bronca con algunos miembros del gabinete nacional. Hay asesores que acusan a Marcos Peña y al gurú Jaime Durán Barba, de ser los sepultureros del sueño reeleccionista de María Eugenia Vidal. La gobernadora quedó en una situación de fragilidad, ante la magnitud de los números y puede ser en octubre la primera víctima en la lista de notables del oficialismo, ya que en Buenos Aires la contienda se define por un voto. 
La diferencia que le sacó Axel Kicillof parece como irremotable. Creen que si a Vidal la hubieran dejado desdoblar la elección, tal vez la estrella del PRO hubiese ganado. Por lo menos, hubiera puesto al peronismo bonaerense en estado de emergencia y no con tanta capacidad de maniobra para consolidar la unidad.
Entienden que Vidal pagó carísima la lealtad demostrada. Horacio Rodríguez Larreta, el ganador del domingo, también deberá mirar sus números con detenimiento.
Y todos en el oficialismo deben salir a la búsqueda de un voto que está en el fondo en una olla en la que queda poco para rascar. Ni sumando los votos de Roberto Lavagna, el UNITE de José Luis Espert y el frente NOS de Juan José Gómez Centurión se llega a compensar la diferencia de 15 puntos que logró el Frente dce Todos. Deberá el macrismo bucear en otras lagunas. A esta altura, perece casi imposible poder sacar un conejo de la galera.
En la lectura fina que hicieron en el laboratorio del vidalismo ante el nuevo escenario, llegaron también a la conclusión que el papel de Sergio Massa fue gravitante en la victoria de la oposición. Creen que por lo menos le acercó 10 puntos al Frente de Todos. Hay dos palabras que recorren los pasillos de la residencia de la calle 6 : "paliza" e "irremontable". 
Pero la elección también dejó certezas políticas decodificadas en tono de reinvindicación: para Alberto Fernández y para Kicillof, pero también para Massa. El ex intendente de Tigre, candidato a diputado bonaerense, ocupó el centro de la escena durante los festejos y Máximo Kirchner lo presentó con "orgullo". Su desembarco en el neo-kirchnerista Frente de Todos fue un factor más, además de la crisis económica y los errores no forzados del Gobierno, que explica el resultado en las PASO. Massa hizo compaña en el conurbano bonaerense y el norte del país, como en la provincia de Jujuy, en la que se impuso como candidato presidencial en las elecciones de 2015.
Además, puso a disposición de la alianza al consultor catalán Antoni Gutiérrez- Rubí, que contribuyó en la estrategia política y comunicacional para justificar el acuerdo con el kirchnerismo después de muchos años de críticas cruzadas, de enfrentarlos en las elecciones de 2015, y intentar conformar un tercera vía de la mano de Alternativa Federal, el proyecto que nació y murió en cuestión de meses y  del que participaron Roberto Lavagna, Juan Schiaretti y Miguel Angel Pichetto.
Una de las grandes diferencias de esta elección con el 2015, es que entonces funcionó una alianza tácita entre Massa y Cambiemos, que para esta ocasión Macri y Marcos Peña no supieron o no quisieron mantener.
Sin Massa en la órbita del oficialismo, implosionó la tercera fuerza y de aquellos 22 puntos que facilitaron el acceso de Macri al poder, pasamos a un devaluado Lavagna que no llegó a los dos dígitos. Lo que estaba dividido se unió y el peronismo recuperó su fortaleza, con números potenciados por el malestar económico.
Por eso la jugada de Cristina hay que leerlas en dos tiempos. Primero Alberto, para después ir por los gobernadores y Massa. Su plan funcionó de manera contundente y la polarización que sembró el gobierno, se le convirtió en un pelotazo en contra.  
Ni el abrazo de Mauricio Macri pidiendo públicamente "no se la pierdan" o el reclamo de Lilita Carrió exigiendo que se suba al escenario a hablar pudieron sacar a María Eugenia Vidal del malhumor visible y el enojo contenido. 
La dura derrota de la gobernadora bonaerense por más de 17 puntos contra Axel Kicillof  la descolocó  y la dejó en una situación muy complicada para remontar en octubre. En la evaluación inicial de los datos de Juntos por el Cambio en la provincia, sostienen que en la tercera y segunda sección electoral que son las de más bajos recursos, el kirchnerismo arrasó con resultados que en algunos municipios superaban el 28% de ventaja. Ese es el voto duro de Cristina Kirchner y el que supo aprovechar Kicillof.
Sin embargo, en sectores de clase media como la primera sección electoral, el voto de Vidal no prendió y por el contrario mostraron que con diferencias de entre 10 y 15 puntos en algunos municipios la dura crisis económica golpeó fuerte a esa franja social. "No pudimos contener ni siquiera a nuestros votantes", admitió con resignación un ministro de la provincia de Buenos Aires.
Vidal  sufrió un voto arrastre para abajo de la mala elección de Macri. Y quedó en claro que en la apuesta por el voto del interior o los sectores medios de la provincia no pudo compensar la diferencia.
En la evaluación de los votos, Vidal tampoco podrá revertir demasiado está derrota electoral en octubre si se tiene en cuenta que la participación ciudadana fue del 75%, un número histórico en las elecciones bonaerenses que Juntos por el Cambio apostó a perforar y no pudo.
De cara a octubre, habrá un nuevo peregrinaje de Vidal por los distritos más castigados en las urnas, aunque los laderos de la gobernadora admiten en voz baja que no hay receta mágica posible para remontar tan profunda derrota. 
En lo que atañe a Macri, el golpe que ha sufrido fue demoledor, sorpresivo y lo dejó al borde del nocaut. Esa situación de shock traumático tal vez le impida ver que está ante el desafío más delicado de estos años. Si no reacciona como corresponde, corre el riesgo incluso de no ser el primer presidente no peronista que termine su mandato desde el regreso de la democracia en 1983.
No son pocos los que sueñan y promueven un diálogo de convivencia entre el que se va y el que viene. Difícil imaginarlo en la Argentina de la grieta, aunque el imperio de la realidad puede obligarlos a lo impensado.
 
*Jorge Joury es licenciado en Ciencias de la Información, graduado en la UNLP y analista político. Para consultar su blogs, dirigirse al sitio: Jorge Joury De Tapas.  
 
 

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