lunes 06 de julio de 2020 - Edición Nº2476
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Teléfono urgente para el Presidente

*Por Jorge Joury.- Alberto Fernández cerró la semana con un sabor amargo. Además del frente de conflictos que se le abrió con Latam, Vicentín, el pago de la deuda y otras yerbas, miró con preocupación el resultado de las últimas encuestas. Si bien el Gobierno nacional goza de una aceptación superior al 70%, la aprobación del presidente cayó 7 puntos, justo cuando acaba de cumplir seis meses en el sillón de Rivadavia.


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     Y lo peor, es que de aquí a fin de año, enfrentará el segundo capítulo de su gestión, con muchas piedras en el camino.
    La realidad lo pondrá a prueba y deberá mostrar mucha firmeza para consolidar su liderazgo. Tal vez sea la hora de dejar en claro cuál es su proyecto político y económico. Será la manera de fundar de una vez por todas el "albertismo" y desbaratar de plano las sospechas de quienes piensan que el poder en las sombras lo ejerce Cristina Kirchner. Por estas horas, muchos temen que se caiga la operación Vicentín. Un fallo judicial de las últimas horas restituyó al directorio de la empresa y desplazó a los interventores dispuestos por el P.E. No obstante, estos últimos podrán permanecer como veedores. La medida es por 60 días y puede ser prorrogable. Estro pegó fuerte en Olivos y preanuncia nuevos frentes de tormenta.
    Otro tema que deberá revisar el jefe de Estado, es su relación con el periodismo.Luego de una etapa de tregua tanto con la esfera política como con el arco mediático, Alberto Fernández comienza a experimentar sus primeras tensiones con la prensa. 
    El áspero intercambio con la conductora de Telefé, Cristina Pérez –donde el Presidente mandó a la periodista a “leer la Consitutción”- generó un nuevo cruce mediático entre quienes defendieron la reacción de Fernández y los salieron al cruce. El episodio dejó un sabor ácido, que recordó a las fuertes confrontaciones que supo mantener la prensa con la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner durante su gobierno.
    El duro presente cargado de desafíos, está provocando un desgaste en el ánimo presidencial. Lo obliga a tomar medidas impopulares. En lo inmediato, se le hace complicado pagar el aguinaldo., que para una porción del Estado, aunque mínima, será en cuotas. Los jubilados nuevamente quedarán colgados de la ganchera con la promesa de  la nueva movilidad y de aquí a fin de año los aumentos serán módicos y por DNU.
    Se avecina el momento más complejo en la esfera económica y política. La recesión, la sobre emisión monetaria, la definición del pago de la deuda, una caída de casi 10 puntos en el PBI y una crisis social en puerta, son la parte más oscura de la fotografía. En este marco, algunos economistas auguran que tras la pandemia, miles de personas perderán sus empleos. Hay otros que se animan a pronosticar que la recuperación del país va a tardar por lo menos diez años. Todos estos factores, conspiran para el normal funcionamiento de la segunda mitad del 2020.
    Las desventuras oficiales también  se han visibilizado por la falta de coordinación política, una carta que hasta ahora le había permitido al Presidente surfear con elegancia la grieta y afirmarse en índices de aprobación impensables para la crisis económica que heredó y que la pandemia dimensionó. Sus vacilaciones frente a conflictos de semejante alcance y complejidad chocaron contra un establishment y una oposición que vieron en ellos la oportunidad para reconstituirse y encontraron el eje para hacerlo: la defensa de "la propiedad privada". Así, en abstracto, como si no fueran también privadas las propiedades de los 2.638 acreedores a los que defraudó Vicentin.
    Por lo pronto, la gestión de Martín Guzmán en su cruzada frente a los acreedores es otra jugada sobre la que AF arriesga  gran parte de sus fichas. Si el ministro consigue un acuerdo favorable, significará al menos, un respiro a las desgastadas finanzas de aquí al 2021.
    Si no se logra reestructurar la deuda pública, esto obligaría a emitir muchos pesos y el fantasma de un escenario con más inflación y devaluación se agitaría con más fuerza en el horizonte.
    Si el Gobierno exhibe la flexibilidad suficiente para presentar una oferta de canje de deuda mínimamente seductora para la mayoría de los acreedores, el Presidente podrá alejarse de la percepción de subordinación a su vicepresidenta que, en las últimas semanas, ha crecido en la opinión pública. 
    Tampoco puede dejar de mencionarse, que en la opinión pública comienza a calentarse el caldo de cultivo de un fuerte malhumor por la prolongación del aislamiento. Además, los movimientos sociales ya comenzaron a salir a las calles en demanda de mayor ayuda por la angustiante situación en los barrios más postergados, mientras que los comerciantes encapsulados en la inactividad, suman su desagrado. La clase media también deja ver señales de fatiga y se observa mucha más gente pululando por las calles.
    Frente a este cuadro de situación, no puede dejar de observarse el comportamiento de los sectores más concentrados. Desde allí se ve con desconfianza la intervención del Estado en Vicentin. Juntos por el Cambio observa esta situación como la puerta de entrada a una nueva polarización social con la idea de sacar un posible rédito político. En ese embudo,  también confluye el sector agrario. Los grandes productores ya se pronunciaron en contra de la expropiación de la cerealera y no descartan confrontar con la Casa Rosada y volver a las rutas en una reedición de lo que fue la pulseada por “la 125” en 2008.
    Una primera puntada es el “banderazo” de este fin de semana en diferentes ciudades del país y de la Provincia en rechazo a la expropiación de Vicentin, que reunió a entidades rurales pero también a sectores alineados con la oposición.  El primer grito de guerra surgió de la Sociedad Rural y la Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa (Carbap), izando la bandera de "la necesidad de la independencia de poderes”  
     En medio de la turbulencia , la figura de Cristina Kirchner, vuelve a irrumpir como el detonador de amores y odios en la sociedad civil.
    En el Gobierno creen además que el descenso de la figura presidencial se explica por el hastío de la gente ante la extensión del aislamiento y por el impacto económico negativo. La realidad es que a la ciudadanía le empezó a preocupar más cómo será la salida cuando lleguemos al final del túnel.
    Por eso AF busca mostrarse activo con otra agenda, como Vicentín. Pero esa jugada tampoco salió bien, al menos en términos de impacto en la opinión pública. 
    El manual dice que cuando no hay plata, buscar enemigos es como avivar el fuego. De acuerdo a sondeos de Management & Fit y de Zuban, Córdoba y Asociados, la iniciativa de Vicentín generó mucho rechazo. Según M&F, el 46,6% desaprueba la decisión de expropiar la empresa, mientras que la mayoría cree que puede perjudicar la negociación de la deuda que lleva adelante Martín Guzmán.
    La ida de Latam del país, dejando 1.700 personas en la calle, es otro frente complicado y altera el ánimo presidencial. Encima hay sindicalistas que sugieren que el Gobierno se quede con la flota de aviones de la compañía extranjera. Otra pésima señal para el exterior sobre el orden jurídico.  
    Hasta aquí, la gente no la veía a Cristina y pensaba que Alberto tomaba más decisiones. Fue por eso que creció la aprobación a la figura presidencial, pero básicamente a partir de un núcleo que no eran sus votantes.
    Para la consultora Mariel Fornoni, Alberto perdió esos puntos extra "rápidamente porque no es núcleo duro ni mucho menos". La razón principal fue la mayor preponderancia de Cristina en las decisiones del gobierno. Ejemplos de ellos fueron "la liberación de presos, el cambio de dirección de la Anses y la caída de causas en la Justicia". 
    El fantasma del default tal vez se constituya en uno de los últimos puentes que AF intente cruzar para seguir soñando con calmar las aguas de la economía. Caso contrario, quedará desconectado del mundo. Y si la salida del túnel con el coronavirus no exhibe algo parecido a un éxito, sus defensas se debilitarán. Entonces, la vereda le quedará muy angosta para circular y con Cristina soplándole en la nuca.
     
    *Jorge Joury es licenciado en Ciencias de la Información, graduado en la UNLP y analista político. Para consultar su blogs, dirigirse al sitio: Jorge Joury De Tapas. 

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