martes 18 de diciembre de 2018 - Edición Nº1910
Diario Full В» SOCIEDAD В» 7 nov 2018

El país al borde de la asfixia impositiva

*Por Jorge Joury.- El malhumor social crece a pasos agigantados por el avance de la presión impositiva. Mauricio Macri sabe que la economía no lo va a ayudar a ganar las elecciones de 2019. Sus asesores tendrán que elucubrar otras estrategias. A este paso, Macri se encamina ser el Presidente que mayor cantidad de impuestos dejará al abandonar la Casa Rosada. La conclusión de un trabajo que elabora el Iaraf, un instituto dedicado a analizar las cuentas públicas, dice que el 60% del ajuste fiscal proyectado para el año próximo será en realidad aumento de la presión impositiva.


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Por:
Jorge Joury
 
De esta manera, la carga tributaria marcará así un nuevo récord histórico.
Se trata de un verdadero castigo para la clase media que votó a Cambiemos con la esperanza de que le mejoren el escenario. Pero todo ha empeorado de manera acentuada. Hoy se escucha cada vez con más fuerza el "antes estábamos mejor". Al Presidente también lo acompañará el triste récord de ser el jefe de Estado con mayor cantidad de nuevos y más variados impuestos creados desde el 83. Lo curioso del caso es que lo hará mientras en muchos momentos de su gestión se quejó por la alta presión impositiva que sufre la sociedad. Es más, incluso la señaló como una de las causas de la decadencia económica argentina.
Es un discurso que Macri empleó de manera reiterativa desde antes de llegar a la política. Lo mantuvo mientras comandaba Boca Juniors, lo ratificó al desempeñar la Jefatura de Gobierno porteño  y también formó parte de su campaña política 2015. Luego lo desplegó también como bandera cuando entró como inquilino a Balcarce 50.
VIDAL ALIENADA CON LA CASA ROSADA
Ahora también en sintonía con la Casa Rosada, el gobierno de la provincia de Buenos Aires  impone un aumento del impuesto inmobiliario, tanto urbano como rural, del 38% para 2019, lo que representaría ingresos extra por 8 mil millones de pesos, un monto cercano al que condonará al sector privado con rebajas en Ingresos Brutos (recibe 10.000 millones menos). 
El proyecto de Presupuesto para el año próximo de la gobernadora María Eugenia Vidal busca compensar con una mayor presión sobre los castigados bolsillos bonaerenses los recortes en la carga impositiva a empresarios que exige el Fondo Monetario.
Los especialistas sostienen que Argentina no puede crecer con este nivel de impuestos. Y si no se crece, no hay forma de generar el superávit primario del 2%-4% para que sea creíble que el país va a poder repagar su deuda y evitar el default.
Desde diciembre de 2015 hasta nuestros días, el archivo es una mancha negra para Macri, que siempre porfió por el nivel de presión tributaria. Argumentó a tambor batiente que con semejante situación es imposible pensar en un país en crecimiento y prometió trabajar para reducir las cargas impositivas, tanto en los porcentajes como en la cantidad. 
Ahora están con la idea de hacer un revalúo de todos los inmuebles del país. Semejante movida no tiene sentido porque las tasaciones no tienen que necesariamente relacionarse con el precio de mercado. El verdadero precio de las propiedades es el que se cobra cuando se realiza la transacción. El resto son tasaciones que, normalmente, poco tienen que ver con las operaciones concretas.
NO HAY PALABRA QUE VALGA
Sólo por citar uno de esos momentos en que Macri prometió lo que no hizo, fue en julio de 2017, en Córdoba. Allí el jefe de Estado  aseguraba que "si queremos que haya más trabajo y reducir la pobreza, tenemos que bajar los impuestos", ya que "nos están matando". 
Hace unos días, durante una visita a Trenque Lauquen, el Presidente reflexionó que "tenemos los impuestos más altos del mundo, hay que bajarlos". Pero luego en Córdoba, se desdijo al asegurar que "lamentablemente, una parte de lograr el déficit cero el año que viene es el aumento de impuestos y otra parte con la reducción del gasto". 
No es la primera vez que a Macri lo traicionan sus propias frases que suenan a hombre convencido. Son conceptos que se pelean a cara de perro con la realidad como lo fueron "lo peor ya pasó", "la revolución de la alegría". la llegada de "los brotes verdes" y hasta querer instalar que era conveniente jugar con hinchada visitante la gran final de América del superclásico.
 De hecho, mientras en Trenque Lauquen maldecía la presión impositiva, el Boletín Oficial publicaba las dos nuevas creaciones de su Gobierno: el tributo a las ganancias para las indemnizaciones a los gerentes y directores de empresas despedidos y el alcance del mismo impuesto para la compra y venta de inmuebles. Al mismo tiempo, se conocía el resultado de otra de sus creaciones: las retenciones 2.0 a las exportaciones argentinas le proporcionaban a la AFIP unos $8.000 millones en octubre. 
Un breve repaso contable muestra la cruda realidad con la que Macri, quiera o no avanzar con una presión impositiva récord, está gobernando con la mayor de la que se tenga memoria durante la democracia moderna. 
UN CACHETAZO A LA CLASE MEDIA
No hay que olvidar que su gestión comenzó con una traición tributaria a la clase media que, en parte, lo votó para que cumpla con una promesa de campaña: terminar, aunque sea paulatinamente, con la daga filosa del Impuesto a las Ganancias sobre el trabajo a través de los empleados en relación de dependencia.
Si bien hubo un primer intento del entonces ministro de Hacienda y Finanzas Alfonso Prat Gay de reducir las escalas, aumentando la presión en las más altas, todo quedó en la nada. Y encima, al Congreso fue enviado un primer proyecto donde el resultado era que más gente pagaría el impuesto y con mayor presión. Hubo una negociación con el Frente Renovador para frenar el impacto, pero con el tiempo y la falta de actualización de las bandas, la presión de Ganancias quedó en un nivel de alcance mayor que el que dejó Axel Kicillof cuando terminó de ser ministro de Cristina de Kirchner. La diferencia es que aquel funcionario, hoy diputado nacional, lo hizo convencido. Realmente creía en que los empleados deben pagar un nivel alto del impuesto en una ofrenda a la redistribución de la riqueza. Macri aplica una presión mayor, pero maldiciendo el impuesto. 
No obstante, el prospero camino tributario del actual mandatario continuó a fines de 2016 con la creación del impuesto a la renta financiera, el primer tributo con el que Macri quedará en la historia como su ejecutor. Se lo reglamentó en dos versiones: no residentes, que comenzaría a aplicarse desde abril de este año; y residentes, desde 2018 a pagarse en 2019. El ex ministro de Finanzas Luis Caputo recordará por siempre esta idea. Fue el 24 de abril cuando los futuros tributantes del impuesto hicieron cuentas, evaluaron el riesgo-país y el nivel de deuda argentino, y optaron por la venta masiva de tenencias, iniciando la crisis más seria de la economía criolla desde el estallido de la convertibilidad. No puede decirse que la culpa es de ese impuesto a la renta financiera. Pero sí puede asegurarse que fue su detonante. 
SEMBRANDO FALSAS ESPERANZAS
Pero no es todo. La aventura impositiva del oficialismo continuó en septiembre pasado. Al comienzo del mes, los exportadores supuestamente beneficiados por la megadevaluación acumulada a agosto se enteraban de que comenzarían a pagar una nueva familia de retenciones, llamadas en la jerga 2.0, y explicadas por el propio Presidente con esta curiosidad: "Sabemos que es un impuesto malo, malísimo, que va en contra de lo que queremos fomentar, que son más exportaciones para fomentar más trabajo. Pero les tengo que pedir que entiendan que es una emergencia y necesitamos de su aporte". El aporte es contante y sonante. Se recaudarán por esta vía más de 200 mil millones entre octubre de este año y diciembre de 2019. Una cantidad de dinero que, dada la experiencia local deriva en una amarga conclusión: difícilmente un jefe de Estado renuncie en el futuro a semejante fuente de ingresos. Para muchos, las retenciones 2.0 son el "impuesto al cheque de Macri" que seguramente continuará a perpetuidad como una de las cajas más rutilantes del Estado. 
Pero el listado de incongruencias se prolonga. El Gobierno suspendió en el Presupuesto para 2019 el ajuste por inflación prometido a las empresas, algo que hubiera derivado en una mayor inversión real. También incluyó una mayor presión hacia la clase media del Impuesto a los Bienes Personales, con el objetivo de incorporar de prepo en principio unos 500 mil contribuyentes que podrían ser más, la mayoría clase media, todos potenciales votantes macristas, además de una máxima que nunca falla: los que ya pagaban pagarán más.
FLOJO DE PROMEDIO EN LA COMUNICACIÓN
No obstante, la frutilla de la torta del Gobierno de Macri fue un constitucionalmente dudoso alcance del Impuesto a las Ganancias para los despidos de ejecutivos, como si sólo por serlo debieran ser castigados y el impuesto a la renta por la compra y venta de inmuebles si estos generan algún tipo de beneficio para el propietario. 
Ambos impuestos sólo muestran una verdad: su creatividad y su redacción porfiada y hasta vengativa sólo pueden ser justificadas por la existencia de una administración que todos los días piensa 24 horas como poder avanzar cada vez más en los dineros de la sociedad.
Frente a tantas idas y vueltas, los  profesionales de comunicación empresaria de la Argentina respondieron a una encuesta en la que debían calificar del 1 al 10 la política de comunicación del Presidente. Para algunos, es muy buena, para otros, pésima. El promedio fue 4,3. Es flojo para un mandatario que supo ser un león en campaña electoral en cuanto a su comunicación.
La nota fue producto de una encuesta realizada la semana pasada por la revista Imagen, especializada en comunicación empresaria. Se requirió de un panel de más de 300 comunicadores corporativos y consultores de prensa, a la que respondieron 91 profesionales.
UNA IMAGEN EN PICADA
A pesar de haber logrado cierta tranquilidad en los mercados, Macri ha fortalecido a sus adversarios con sus propias contradicciones. Por estas horas hay demonios que lo rodean. En la cima del poder comenzó a filtrarse un sondeo de la consultora Aresco que desnuda como nunca antes la profundidad de la caída del Presidente. La encuesta que monitoreó Federico Aurelio, una de las tres que llegan con regularidad a los despachos de Balcarce 50, pone en pie de igualdad a Macri y a Cristina Fernández de Kirchner. El Presidente acumula una imagen positiva del 38% y una negativa del 58%. Creer o reventar: su predecesora reúne cifras casi idénticas. A un año de la batalla final por las presidenciales tiene 39% de positiva y 58% de negativa.
La preocupación de la Casa Rosada es que Macri no sólo cae al mismo nivel de su principal rival, a la que hasta diciembre del año pasado le llevaba cerca de 20 puntos -lo que también establece que a ella no se le escapa una sola adhesión, pese a la acumulación de procesamientos-, sino que el mismo sondeo revela que su desempeño personal está a la par del de su gestión, cuando hasta ahora había estado por encima. 
La muestra de Aresco que pasó por las manos de Marcos Peña acaso sea la más representativa de las que circulan en el mundillo político: se compone de 4.600 entrevistas en distintos puntos del país. También se comenta que Cristina Kirchner apunta a la conformación de un frente y aceptaría ir a las PASO para que se defina el candidato peronista. A casi un año de las elecciones generales, el Gobierno se enfrenta a sus propios fantasmas, con el riesgo de que la sociedad le pase la factura con el más duro de los castigos en las urnas.
 
*Jorge Joury es licenciado en Ciencias de la Información, graduado en la UNLP y analista político. Su correo electrónico es jorgejoury@gmail.com. Si querés consultar su blogs, podés dirigirte al sitio: Jorge Joury De Tapas.      

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