martes 18 de junio de 2019 - Edición Nº2092
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Opinión y Reflexión: El riesgo de los polarizadores

Por Javier Quinterno.- (Concejal UCR MC, ex candidato a intendente de La Plata).- Someter a una sociedad a una fuerte tensión para polarizar a la opinión pública tiene costos importantes no sólo para el conjunto social sino también para sus propiciadores. Un análisis más sociológico que político.


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Hace ya mas de tres años que los habitantes de Argentina se debaten en una grieta que suponían iban a superar con los resultados electorales de noviembre de 2015, pero no fue así. 
Los responsables son, casi en partes iguales, los antagonistas que se benefician mutuamente de su existencia,

De esa forma el Kirchnerismo mantuvo su caudal electoral cerrando sus filas y amplificando sus críticas al gobierno del macrismo sobre sus fracasos económicos, mientras desde el gobierno mantuvieron viva políticamente a su contendiente para tratar de ganar elecciones con su rechazo público y evitar de esa forma la renovación opositora. Pero la grieta sólo fue funcional a sus beneficiarios y fanáticos.

La contra parte de todo esto es sin ninguna duda al trauma y los efectos negativos que paga el cuerpo social sometido a semejante puja.

De tal forma que resulta fundamental evaluar LOS EFECTOS Y LAS CONSECUENCIAS de mantener este tipo de situación en forma sostenida durante mucho tiempo. De allí que los primeros podrían sintetizarse en:

1.- Efecto cismático: que vuelve crónicas las divisiones y solo genera confort a los que participan de las mismas, pero también temor por el hipotético triunfo de la facción opuesta.

2.- Efecto aislamiento: porque cada sector se refugia en sus supuestas razones propias y de crítica hacia la opuesta, perdiendo de vista la razonabilidad de los argumentos y entrando en el fino pasadizo del fanatismo.

3.- Efecto autoritarismo creciente: porque las posiciones fanáticas se alejan de los comportamientos democráticos y sólo terminan justificándose en la obediencia debida a órdenes que toman círculos cada vez más pequeños.

4.- Efecto espejo: las facciones se terminan pareciendo cada vez más, por cuanto los extremos tienden - a partir de usar los mismos métodos - a coincidir también en los objetivos, que suelen ser de corto plazo, porque en esa concepción estratégica el largo plazo, para este tipo de planteos, es la sumatoria lineal de los resultados inmediatos.

LAS CONSECUENCIAS para los que no participan de las minorías polarizadoras en cambio no son ni placenteras ni confortables, así por ejemplo:

1.- El rechazo sistemático: lejos de generar adhesión este tipo de presiones imprime rechazo entre quienes no son parte de las facciones y la sensación creciente de sentirse parte de una extorsión permanente a la hora de la toma de decisiones de tipo electivas.

2.- La igualación conceptual: porque al percibir la manipulación de emociones cada vez más irracionales los no partícipes de la polarización desarrollan rechazos equivalentes a ambas facciones aun cuando no lo manifiesten por ser sujetos de presión.

3.- La sensación del rehén: que ante tanta presión busca escapar de su prisión intelectual de rechazo mutuo y termina buscando una línea de fuga apropiada que lo alivie de la tenaza polarizadora.

4.- La liberación de la energía social: que en tanto encuentra su foco de canalización en forma rápida, imperceptible para las facciones y sin consulta inter social, escapa por ella porque le genera una esperanza y también su propia venganza a tanta presión recibida.

EL RIESGO NO PREVISTO de quienes azuzan permanentemente el cuco de la división entre los buenos y los malos es que como decía el viejo refrán: “vinieron los sarracenos y nos molieron a palos, Dios nos libre de los buenos, cuando son más que los malos” y por lo tanto, a nivel popular, ya no verifica esa división.

La única salida entonces, sobre todo para el macrismo, debe centrarse en eliminar la posibilidad de aquellas variantes electorales distintas de los ejes de la polarización, por cuanto eso rebelaría la situación de minoría en la que ambos se encuentren por sus propias acciones.

El desafío para la sociedad de Argentina es poder salir del brete de la democracia renga de votar a disgusto apretándose la nariz y hacerlo sin sentir ninguna otra presión que la de reconstruir con alegría la esperanza.

Javier Quinterno

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