sábado 21 de septiembre de 2019 - Edición Nº2187
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La ruta de Salamone: una obra extraordinaria

Por Coni Crowder. Periodista, fotógrafa, documentalista(web www.desiertablog.com).- Un recorrido por la obra del arquitecto que en cuatro años construyó más de sesenta edificios en veinticinco municipios de la Provincia de Buenos Aires. Un emblema de la arquitectura moderna en la pampa bonaerense.


 

 Por encargo de Manuel Fresco, en aquel entonces gobernador de la provincia de Buenos Aires, el arquitecto ítalo argentino Francisco Salamone construyó, en apenas cuatro años, una obra monumental en plena llanura bonaerense. El arquitecto de las pampas, como se lo apodaba, combinaba elementos del art- decó, del racionalismo, el futurismo y un monumentalismo plagado de elementos industriales en escala gigante. Experimentación y osadía que dejaron huella: aún en pié, las más de sesenta obras de hormigón armado o piedra líquida revelan el minucioso y desmesurado plan urbanístico de aquellos años en plena llanura bonaerense.  

El arquitecto de la década infame

 Los conflictos bélicos mundiales y un Dios, patria y hogar en la balanza neutralidad o fascismo en la que Argentina fluctuaba, fueron el escenario del despliegue liderado por Salamone en aquellos parajes desolados de la pampa. Para “dignificar el perfil oficial y paisajista de la región”, Manuel Fresco le encarga al arquitecto la realización de edificios públicos para algunas ciudades del interior provincial. Así, "lo que Fresco dispone lo construye Salamone" fue el dicho popular de la época.

  En un tiempo récord de cuatro años, entre 1936 y 1940, la totalidad de las obras están finalizadas. El arquitecto proyecta y construye  portales de cementerios, mataderos, ornamentos, pisos de plazas y edificios monumentales. Las municipalidades, epicentro de la vida en comunidad, son despojadas, funcionales, de altas torres, algo futuristas: impera la idea de un estado fuerte y eficiente, que refleje el avance de la civilización. Hay cierta mixtura con lo industrial en ruedas, engranajes, torres y relojes. Los cementerios son obras integrales; sus pórticos, cruces y figuras son monumentales, fantasmagóricos, sublimes. Y en cada extremo de la ciudad,  el matadero y el cementerio son los límites en el planeamiento urbano.

Salamone combinaba el racionalismo con el art decó, el futurismo y el monumentalismo. Experimentación y osadía que dejaron huella.

 Un quiebre en el horizonte pampeano

 La huella de Salamone empieza a imprimirse en la Municipalidad de Gonzalez Chaves, con el matadero de Guaminí y el cementerio de Saliquelló. Sigue la plaza, la escuela y el matadero de Balcarce y la municipalidad de Rauch. Luego las torres municipales de Guaminí y Carhué, los mataderos de Tres Lomas y Azul junto a la plaza de Coronel Pringles. A los pocos meses, Salamone culmina la construcción de la Municipalidad de Laprida y su matadero, casi al mismo tiempo que las municipalidades de Torquints, Pellegrini, Puán, Pirovano, Vedia y Urdampilleta, mientras termina de bocetar sus obras maestras: la gran rueda-pórtico del Cementerio de Saldungaray, a la vera del arroyo Sauce Grande, el pórtico del cementerio de Azul y la cruz gigante del cementerio de Laprida, considerada la segunda más alta de Sudamérica.  

 Las obras de Salamone son una desmesura de hormigón. Un quiebre en el horizonte de la llanura pampeana bonaerense.

Azul 

 A 300 kilómetros de Buenos Aires hacia el sudoeste, la ciudad cervantina es el primer alto en la ruta de Salamone, donde las calles con naranjos conducen a una obra de arquitecto. El itinerario comienza en la plaza San Martín donde los bancos, farolas, macetas, la fuente  y las baldosas romboidales son de su autoría. A sólo dos cuadras, en la esquina de Colón y Belgrano encontramos una de las pocas obras privadas de Salamone en la provincia: la Casa Daneri, contruída en 1938, de líneas rectas y balcón semicircular trasero. A unas cuadras de allí, el Parque Sarmiento, con su portal acuchillado de tres bloques de 18 metros de altura, también obra del arquitecto. Y el matadero, a sólo dos kilómetros de la ciudad, en lo que era el viejo camino a Tandil.

Su “obra total” es el portal del cementerio, de 21 metros de altura y 43 de frente, la sigla RIP y un ángel cubista que cambia su expresión de acuerdo a la luz. "Parece construído por el diablo",  dijo el intendente de Azul el día de su inauguración. "No sea ingenuo, doctor. El diablo nunca hubiera llegado tan lejos", respondió Salamone con una carcajada mefistofélica.

 

El creador del Angel de Azul fallece el 8 de agosto de 1959, el mismo día que llegó al país Marlene Dietrich, la protagonista de la película alemana"El Angel Azul".

Carhué y Villa Epecuén

 En noviembre de 1985, tras una temporada de lluvias muy intensas, los mil quinientos habitantes de Epecuén tuvieron que evacuar la villa tras el desborde del lago, que atravesó el muro de contención e inundó las calles del pueblo. Pasaron años donde el lago de sal tuvo la mayor extensión hasta entonces y el pueblo desapareció. Lo que resistió las aguas fue otro matadero de Salamone, a mitad de camino entre Villa Epecuén y Carhué, que estuvo veinte años sumergido y sigue en pié.

 En la ruta, allí donde antiguamente era la bifurcación del camino entre Villa Epecuén y el viejo cementerio, hay una réplica de otro Cristo de Salamone, de líneas rectas y similar al de los cementerios de Laprida y Saldungaray. Otro edificio que lleva el sello de Salamone es el Palacio Municipal, con su torre, la más alta de Carhué, que al momento de su construcción no superaba los mil habitantes.

En el año 2001 la obra de Francisco Salamone fue declarada Patrimonio Cultural de la Provincia de Buenos Aires y Monumento Histórico Nacional.  

A otros pueblos y ciudades

 Coronel Pringles, Guaminí, Chascomús, Balcarce, Alberti, Puán, Laprida, Vedia, Gonzales Chaves son otras localidades de esta ruta por la obra de Francisco Salamone. En Saldungaray, a diez kilómetros de Sierra de la Ventana, también hay huella de Salamone en la municipalidad, la plaza, sus bancos y ornamentos, el matadero y el gran pórtico del Cementerio. Muchas de estas geometrías desmesuradas fueron puestas en valor por los municipios y se ven desde las entradas, rutas y caminos aledaños.

 Francisco Salamone murió en 1959 y su obra fue declarada Patrimonio Cultural de la Provincia de Buenos Aires y en 2014, Monumento Histórico Nacional.

 

Coni Crowder. Periodista, fotógrafa, documentalista.

web: www.desiertablog.com

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