lunes 03 de agosto de 2020 - Edición Nº2504
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Opinión y Reflexión: La crueldad del Alzheimer el amor y la política

Por Oscar Vaudagna.- Abogado, profesor universitario y concejal MC.- En mi barrio la política y el fútbol corrían la misma carrera. Los picados de lo sábados eran de 15 contra 15, mientras otro equipo esperaba al ganador y hasta sobraban suplentes. Un gentío atendía individualidades y el trámite del encuentro...


En mi barrio la política y el fútbol corrían la misma carrera.
Los picados de lo sábados eran de 15 contra 15, mientras otro equipo esperaba al ganador y hasta sobraban suplentes. Un gentío atendía individualidades y el trámite del encuentro.
La tarde terminaba tomando cerveza mezclada con Mirinda en balde de plástico al cual todos le daban un pico. La cargada y la anécdota de lo sucedido en la cancha acompañaba la escena de sábado a la tarde , en la esquina de ese barrio de trabajadores de casas bajas y calles de tierra .
Lo mismo sucedía con la política, la recurrente esquina del almacén era lugar de debate político entre Peronistas y Radicales todas las tardes. Eso sí, al medio día todas las casas sintonizaban radio Colonia. Era la única que traía noticias del General.
El viejo Lorenzo era un asiduo concurrente a la esquina , el desde siempre me pareció viejo, era radical de pantalón tipo grafa pero con tiradores, la musculosa acompañaba la vestimenta veraniega.
Jamas escuché a Lorenzo reconocerlele nada a Perón pero nunca me pareció antiperonista, su descripción de las cualidades de Yrigoyen era sublime y lo sublevava que le dijeran tortuga al ex presidente Ilia y que le recordaran que el estadio de su querido Racing Club era obra del Peronismo.
La otra versión de la historia era Manuel Ayala hincha de Boca, -como Perón ,decía el-, la esquina era su tribuna , Ayala era nuestro ídolo, trabajaba en la Marina Mercante, le gustaba ir cuando cobraba a los cabarets de Ensenada y Berisso y no ahorraba detalles al contarnos esas perfumadas noches alegres , de ese paraíso al que nosotros como adolescentes anhelabamos llegar.
Lo cotidiano era que Ayala
hablara continuamente de la obra del Peronismo pero también se sabía todos los dichos de Peron, con los cuales nos adoctrinaba era común escucharlo decir -No hay mejor lotería que el trabajo- o -tienen el vuelo corto como la cachirla-."Quien le da pan a perro ajeno pierde el pan y pierde al perro".
Tenía una preocupación permanente de que recordaramos las fechas fundacionales e históricas del Peronismo. Había insultos esperados clásicos, cotidianos y muy ocurrentes , siempre deambulaba la chicana. Ser carnero era un descrédito, pero en la discusión política la palabra traidor era motivo de pelea superando quizás cualquier insulto , inclusive a la madre. Ser traidor era el precipicio, el túnel, era convertirse en un tipo despreciable , como los que mataron a Rucci agregaba Ayala . La lealtad era un valor único y la peor deslealtad era alejarse de Peron . En ese mundo había un solo peligro , morirse de falta de intensidad o compromiso . Y los valores no se acomodaban a las circunstancias. Y para estos personajes que habitaban la esquina el prójimo era el próximo. Eran profundamente solidarios .
Manuel Ayala murió en 1990, su cuerpo se apagó un 17 de Noviembre, justamente el día del Militante , la fecha era un acto de Justicia para alguien que había chapaleado incansablemente el retorno de Peron. Y aunque mucho antes el alzhéimer se había apoderado de él, hasta quitarle la consciencia, robarle sus recuerdos e imposibilitarlo de identificar a sus seres queridos. El alzhéimer es, quizás, la enfermedad más injusta que existe porque elimina lo que de racional tiene el ser humano. Manuel Ayala el día anterior a dejar para siempre la esquina, en la internación más atendida por su familia, confundió a una de sus hijas con Evita y es posible.
Cuentan que la novelista irlandesa Iris Murdoch, una prolífica escritora irlandesa casada con el crítico literario John Bayley, que cinco años después de la muerte de su esposa por alzhéimer publicó Elogio a Iris (Alianza, 1999), un libro en el que explicaba cómo la escritora fue perdiendo progresivamente la capacidad de escribir, de razonar y de expresarse.
El autor señala sin embargo que el último concepto que sobrevivió a su apagón cognitivo fue el amor. Esta afirmación no solo muestra que el Amor no habita en el cerebro, sino tambien que
esa confusión de Manuel Ayala de ver a Eva Peron en su hija , es la prueba más cabal de que el amor todo lo puede.

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