viernes 27 de noviembre de 2020 - Edición Nº2620
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Un pasaje a los intendentes eternos

*Por Jorge Joury.- Alberto Fernández les acaba de abrir las puertas a los caciques peronistas del conurbano que no tienen posibilidad de reelegir, para que vuelvan a revalidar títulos. No sería por medio de una nueva ley, sino seguramente con reclamos ante la justicia electoral.


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Por:
Jorge Joury
 
 
 El aval del Presidente no está apurado por el calendario, sino por el juego de la interna partidaria, y parece desestimar el efecto de regresión política. Por poner un ejemplo de larga estadía de jefes territoriales, Alejandro Granados, intendente de Ezeiza celebró sus bodas de plata en la gestión. Lleva 24 años gobernando el distrito, todo un récord. El caso de "El Sherif", como se lo denomina, es emblemático, ya que su armado territorial es imbatible. Tanto Granados, como muchos otros alcaldes bonaerenses, hoy están preocupados por su supervivencia. Si bien 2023 está lejos en el calendario, la ley sancionada durante el gobierno de María Eugenia Vidal, que impide que sean reelegidos más de una vez en forma consecutiva, se convirtió por estas horas en un tema de conversación y rosca entre ellos.
El fin de los “intendentes eternos” fue anunciado en 2016 cuando una confluencia legislativa entre María Eugenia Vidal como gobernadora, el massismo como impulsor de la idea y un pedazo del PJ tradicional le puso límites a la reelección de jefes comunales y otros cargos bonaerenses. Dos mandatos consecutivos fue el tope fijado. 
HAY 95 QUE DEBEN DEJAR SUS SILLONES  
El aval de AF no está apurado por el calendario, sino por el juego de la interna del poder, y parece desestimar el efecto de regresión política.  
Hay que señalar, que el límite a la reelección atraviesa a todos los partidos políticos. De 135 intendentes, 95 deberán dejar sus sillones dentro de tres años. En ese extenso grupo, entran muchos de los pesos pesados del conurbano, en especial del peronismo. Dirigentes que gobiernan localidades con más de 300 mil habitantes y transformaron el dominio territorial, que les dan los votos, en poder real, que tienen algunos pocos y les da la posibilidad de ser influyentes.
Aunque falta un larguísimo trecho, los alcaldes intentarán con un amparo que la Justicia diga que los que ahora están en un segundo período, se encuentran recién en el primero y, por lo tanto, les queda uno más.
Dos interlocutores de Fernández son los jefes de Hurlingham, Juanchi Zabaleta, y de Almirante Brown, Mariano Cascallares. Los dos habían sonado para cargos en el gabinete nacional pero a los dos los paró el mismo riesgo: los municipios que dejaban iban a caer en manos de militantes de La Cámpora.
UNO QUE SE FUE EN LOMAS
El apoyo de Fernández a levantar el cepo y la eventual suspensión de las PASO disparó en Lomas la renuncia de Guillermo Viñuales, mano derecha del intendente Martín Insaurralde, otro de los que habla con el presidente y el único en colar algún funcionario en el gobierno de Kicillof: colocó al responsable del juego provincial. Viñuales ha sido el jefe del gabinete de Insaurralde en los últimos diez años.  
Entre los jefes comunales más destacados que no podrán reelegir están Martín Insaurralde, (Lomas de Zamora), Mariano Cascallares (Almirante Brown), Jorge Ferraresi (Avellaneda), Fernando Gray (Esteban Echeverría), Leonardo Nardini (Malvinas Argentinas), Ariel Sujarchuck (Escobar), Alberto Descalzo (Ituzaingó), Gustavo Menéndez (Merlo), Juan Zabaleta (Hurlingham), Julio Zamora (Tigre), Andrés Watson (Florencio Varela) y Mario Secco (Ensenada). Son solo algunos nombres propios de una larga lista.
Pero hace días, Alberto Fernández les hizo un guiño. Tuvo dos almuerzos con alcaldes peronistas del conurbano. Uno en Lomas de Zamora y otro en Avellaneda. Dos localidades donde quienes gobiernan no pueden renovar. Martín Insaurralde y Jorge Ferraresi no solo son dos de los jefes comunales más poderosos del conurbano: son también engranajes importantes en la estructura provincial del peronismo. En ambas reuniones el Presidente se refirió a las reelecciones y les manifestó que está en contra de la ley de Vidal.
LA MUSICA QUE QUERIAN OIR
En Avellaneda se detectó la señal más fuerte. Alberto pronunció una frase que desató un aplauso cerrado de todos los presentes y una muestra elocuente de satisfacción. “Si la gente los quiere votar una, dos o tres veces, no tiene por qué haber una limitación”. 
Allí estaba la columna vertebral de intendentes del peronismo y el gobernador bonaerense Axel Kicillof. Inmediatamente, la frase se filtró y el tema se instaló con fuerza en la agenda política. Es probable que el propio Fernández haya buscado hacerlo. Sin embargo, los jefes comunales prefieren no levantar la bandera de la reelección públicamente. Saben que la iniciativa podría provocar tempestades y pagar un costo político que desconocen.
Muchos de ellos advierten que el tema es demasiado frívolo y solo le interesa al micromundo de la política. La gente está en otra sintonía, preocupada por la crisis económica y conviviendo con la pandemia. Dos realidades paralelas y bien alejadas. Pero nadie niega que existe un interés claro en que esa ley no se aplique. Es una preocupación que, en mayor o menor medida, tienen todos.
UN SALTO AL GABINETE NACIONAL
En cuento al intendente Ferraresi,  es un histórico barón del conurbano y kirchnerista de paladar negro, Hay que señalar, que con la bendición de Alberto Fernández,  ahora desembarcó en el Ministerio de Desarrollo Territorial y Hábitat de la Nación, que dejó vacante la ex ministra María Eugenia Bielsa y en su lugar como intendente de Avellaneda, quedará Alejo Chornobro.
Si la ley sigue vigente, tal cual está, después de 2021, los jefes comunales comenzarán a ver diluido su poder en el camino hacia el final de la gestión. Detrás de ellos, en las sombras o a la luz del sol, está La Cámpora, la bala de plata de Cristina para echar raíces en el territorio donde tiene su base electoral. La ley también incluye a diputados, senadores y consejeros escolares. El malestar y la incertidumbre también son palpables en algunos rincones de la Legislatura.
Cuando lo escucharon a Fernández decir que Néstor Kirchner tenía un reconocimiento especial  sobre el rol de los intendentes y que él tenía la misma mirada sobre el importante lugar que ocupaban frente a la comunidad, algunos leyeron un gesto de diferenciación con su compañera de fórmula. 
RENCORES EN EL KIRCHNERISMO
Conviene señalar, que CFK no tenía, en su etapa en la Casa Rosada, un vínculo demasiado estrecho con ellos, ni con el PJ. "De eso se encarga Néstor", solìa decir. Hoy tampoco lo tiene. Muchos de los que se terminaron alineando al Frente de Todos habían izado las banderas de un peronismo sin Cristina. En el kirchnerismo tomaron nota y no se olvidan del pasado.
Fernández, en cambio, se encargó en este tiempo de construir una relación directa con los alcaldes, sin desautorizar a Kicillof pero alimentando un ida y vuelta personal sin escalas en la gobernación bonaerense. Los recibe en la Quinta de Olivos o en Balcarce 50. Juanchi Zabaleta, de Hurlinghan, es uno de los interlocutores. Alberto les brinda caricias en código polìtico, les baja lìnea sobre los principales temas que tiene en su escritorio, como la renegociación por la deuda o la compra de vacunas. Los invita a los actos. Los hace sentir importantes en el enorme esquema oficialista.
En las últimas semanas, en la conversación frecuente que tienen los intendentes, en grupos de WhatsApp o en las reuniones a las que asisten, se empezó a construir el rumor de que Sergio Massa y Máximo Kirchner preferían no boicotear la ley. No meterse en ese terreno y mirar de afuera. No hay que olvidar que Massa en su momento fue el más ferviente impulsor de ponerle freno la reelección eterna. Acompañó el proyecto de Vidal y su espacio lo votó y lo defendió a capa y espada en la Legislatura.
KICILLOF SE APARTA DE LA DISCUSION
En cuanto a Kicillof tampoco tiene intenciones de meterse en esa discusión. Al menos por ahora y, sobre todo, en forma pública. Nada hace pensar que se va a oponer a que la ley se intente modificar en la Legislatura o se presente un recurso de amparo para evitar su aplicación. No va a poner los pies en el barro. “No es un problema nuestro”, sostienen en la gobernación.
Por estas horas, los jefes comunales barajan diferentes alternativas para desatar el nudo. Una de ellas es realizar una presentación judicial conjunta, otra es buscar un consenso en la Legislatura para modificar el artículo 7 de la ley que sostiene que “el período de los Intendentes, Concejales, Consejeros Escolares, Diputados y Senadores a la entrada en vigencia de la presente Ley será considerado como primer período”, y que el período considerado sea el último, que comenzaron en 2019, y no el que arrancaron en 2015, que estaba vigente en el momento en que se sancionó el proyecto. Una movida más arriesgada sería militar la derogación de la ley. Ese parece un escenario imposible.
MIRADAS DIFERENTES EN LA OPOSICION
Solo algunos pocos intendentes se visualizaron en la discusión. Uno de ellos fue el de Lanús, Néstor Grindetti, que no tiene posibilidad de reelegir y dejó en claro su posición en una sola frase: “No vamos a borrar con el codo lo que escribimos con la mano” y desde Vicente López, Jorge Macri apoyó esa misma definición. Los dos integrantes de Juntos por el Cambio, respaldan la ley sancionada en 2016 durante la gestión de Vidal.
Pero conviene aclarar, que en el mismo espacio hay diferentes posturas. En la mirada del lord mayor de La Plata, Julio Garro, la ley está mal aplicada porque toma el período de gestión que había comenzado un año antes. Las leyes no pueden ser retroactivas. “Se tuvo que haber aplicado hacia adelante y no en forma retroactiva. Ese va a ser el cuestionamiento que se le haga a la ley, no su espíritu”, explicó.
También el intendente de Ensenada, Mario Secco, reveló que “es una posición del Presidente, de reconocer que esa ley fue una gansada, en un momento donde había que hacer política con todas estas cosas que no ayudan a la democracia. El tema de hoy no es la reelección, si bien el Presidente lo puso en agenda, hoy estamos tratando de que no se nos muera nadie.¿De qué democracia hablamos si no dejamos elegir y condicionamos el voto?”, se preguntó.
Pensando en la enseñanzas de Néstor Kirchner, el Presidente parece aferrarse a la  relación directa con los gobernadores más cercanos y en establecer un trato fluido con los intendentes peronistas del Gran Buenos Aires. Por ahora, Cristina Fernández de Kirchner observa la movida, pero no movió sus piezas. Pero en el sistema del PJ tradicional, se teme que lo haga sin muchos cuidados cuando llegue la hora de discutir listas para las legislativas. Algo parecido le hizo sentir en anteriores entregas electorales a jefes provinciales que especulaban con el “poscristinismo”. Buenos Aires es considerada por la ex presidente como su territorio. Por lo tanto, no lo va a hacer concesiones.  
La preocupación de los intendentes sobre la aplicación de la ley está viva en su propia agenda. El Presidente ya mandó señales, Kicillof se corrió a un costado y en la oposición conviven diferentes interpretaciones. La discusión está abierta. Lo cierto es que los intendentes se aferran poder y Alberto Fernández no quiere que lo pierdan.
 
*Jorge Joury es licenciado en Ciencias de la Información, graduado en la UNLP y analista político. Para consultar su blogs, dirigirse al sitio: Jorge Joury De Tapas.    
 
 
 
 
 

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