jueves 25 de febrero de 2021 - Edición Nº2710
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Sospechan de una cadena de complicidades y ahora el radar enfoca al territorio bonaerense

*Por Jorge Joury.- El Gobierno aún deambula sobre el ring como un boxeador atontado por un golpe inesperado que lo puso al borde del nocaut. A 72 horas del escándalo que terminó eyectando a Ginés González García del Ministerio de Salud —con escrache incluido al regresar a su casa en Puerto Madero— el Presidente se aferra a la esperanza de que el tiempo minimice los daños y consecuencias de esta bomba que hasta puede impactar en las urnas en las elecciones de medio término.


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Jorge Joury

 

Mientras tanto, en el extremo más gurka de la oposición ya huelen sangre y se relamen con un intento de juicio político sobre la firme sospecha de que existe una cadena de complicidades al más alto nivel para montar un esquema que además tenía raíces en el hospital Posadas y una huella firme en territorio bonaerense a través de una operatoria de La Cámpora. Quieren que la ministra Carla Vizzotti vaya a rendir cuentas al Parlamento y de explicaciones certeras. No le creen cuando señaló que se trata de un "hecho excepcional". Sospechan de un plan hilvanado al más alto nivel.Se apoyan sobre la presunción de que Ginés no pudo haber actuado solo pidiendo que le reserven tres mil vacunas, que fueron destinadas a la política y al amiguismo, cuya lista involucra a pesos pesados de diferentes sectores.
Los asesores incondicionales del ex ministro Ginés ven también la mano de Cristina. Dejan trascender que el tiempo demostrará que la movida fue parte de un plan hilvanado desde el Instituto Patria y que los funcionarios de La Cámpora, como Daniel Gollán y Nicolas Kreplak, hoy en el gabinete de Kicillof, tarde o temprano terminarán desembarcando en el Ministerio nacional para consumar la reforma al sistema de salud que quiere la viicepresidenta.
Como primera puntada, desde el kirchnerismo duro impulsan al viceministro Kreplak para asumir en la secretaría que quedó vacante. Para el albertismo, por ahora es sólo el primer candidato. Sin embargo, desde el entorno del gobierno provincial descartan ese movimiento
Mientras tanto, se supo que González García está deprimido y se fue a descansar a una chacra. Acepta que se equivocó feo. Pero dejó trascender que no está dispuesto a ser maltratado por la opinión pública en soledad, frente al silencio de un Gobierno que sabía lo que hacía, según su versión de los hechos. Él es el que mejor conoce todos los secretos de la gestión de la Casa Rosada en pandemia.
Por estas horas Alberto Fernández está en México, a 7.500 kilómetros de distancia. Suficiente para que empiece a digerir de que no saldrá indemne de este escándalo. Para ganar tiempo, se sumió en un estruendoso silencio, pero las presentaciones de la oposición ante la justicia harán que el tema siga vigente en los próximos días y se mantenga en la tapa de los diarios.
“No hay figura jurídica que penalice el colarse en una fila”. El Presidente escuchó esa frase tranquilizadora en la tertulia posterior a la asunción de Carla Vizzotti en Olivos. Pero es solo una frase de circunstancia. Los efectos colaterales ya empiezan a florecer como hongos venenosos.
Y según una encuesta, la mayoría de los argentinos considera que no se puede dejar pasar. el escándalo En esa dirección, más del 61% de los consultados afirmó que desconfía del plan de vacunación y el 71% cree que deberían renunciar todos los funcionarios implicados.
El estudio fue llevado a cabo entre sábado y domingo por la consultora Management & Fit, que interrogó a 1.500 personas mayores de 16 años a nivel nacional.
Otro de los puntos interrogó sobre la eventual renuncia de todos los funcionarios que recibieron la vacuna de manera irregular y el número final resultó aún más contundente: el 71% de los argentinos piensa que “deberían renunciar”. En tanto, el 18,2% no cree que sea necesario y el 10,8 no tiene una postura tomada.
Lo más grave, es que el 60,2% no confía en la campaña de inmunización que se está llevando a cabo, con lo cual el Gobierno perdió a su caballito de batalla para las elecciones de medio término.
La épica de la vacunación exigía adueñarse de las vacunas. Iba a ser el instrumento más poderoso del Gobierno de cara a las elecciones de octubre próximo. Pero el viernes pasado, esa estrategia entró en el cementerio, cuando explotó la bomba que se llevó puesto de un plumazo al ministro Ginés González García.
“Esto que pasó en el Ministerio de Salud al más alto nivel pasa también en los vacunatorios de la Provincia a menor escala”, se lamentó un ex director médico de un hospital del Conurbano..
La elección del Hospital Posadas no fue casual. La rectoría de la salud pública en la Nación y en la provincia de Buenos Aires cuenta con un puñado de hospitales de administración nacional, ochenta hospitales administrados por la Provincia y unos cientos de hospitales municipales. Hay, además, un pequeño grupo de establecimientos de administración mixta. Entre ellos el más conocido es el prestigioso Hospital El Cruce-Néstor Kirchner de Florencio Varela. El Posadas es un hospital nacional que depende directamente del ministro de Salud Pública de la Nación.
“Un director de hospital sale inmediatamente eyectado de su cargo si se niega a cumplir con una orden emanada desde el Ministerio. Después deberá lidiar en su conciencia con el aspecto ético que la profesión le impone”, asegura un médico de carrera que conoce los vericuetos de la función pública.
La detonación del vacunatorio VIP de Ginés no hizo otra cosa que disimular la sucesión de otros mini escándalos, que vienen ocurriendo en el territorio bonaerense y que ahora con mayor fuerza toman estado público. Son protagonizados por jóvenes militantes de La Cámpora, alardeando de con fotos de haber sido vacunados. Se trata de un flagelo desprovisto de toda ética y conforma eslabones de una cadena de casos detectados en las redes sociales y que tienen por escenario a San Andrés de Giles, Chivilcoy, Rauch, Henderson, Navarro y La Plata.
Muchos aseguran que la operatoria de Ginés no era ajena a varios de los vacunatorios, hospitales y regiones sanitarias del país. De ahí que las denuncias públicas de los últimos días se venían multiplicando ante la actitud displicente tanto de González García como del ministro de Salud de la provincia de Buenos Aires, Daniel Gollán. Claro que al saberse que el hecho se había producido en el corazón más sensible del poder, lo que siguió fue un verdadero tsunami político de consecuencias impredecibles.

*Jorge Joury es licenciado en Ciencias de la Información, graduado en la UNLP.

 

 

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