domingo 22 de abril de 2018 - Edición Nº1670
Diario Full » PERIODISMO DE PERIODISTAS » 14 abr 2018

Se inaugura el 20 de este mes

La estatua de Alfonsín en plaza Moreno, mensaje del bronce para cerrar la grieta

*Por Jorge Joury.- La trayectoria de los patriotas tarde o temprano, se inmortaliza en el bronce. Es una manera premiar en parte lo que hicieron por la nación. En la intemperie, resistirán el olvido y porque no, la impertinencia implacable de los graffitis. La estatua de Raúl Alfonsín estará en pocos días en la emblemática plaza Moreno.


Por:
Jorge Joury
  • Será a unos 10O metros de las de Perón y Evita. Todo un  mensaje de convivencia democrática, como lo que pregonó en vida.Seguramente nunca imaginó que iba a tener un monumento en La Plata. Un grupo de correligionarios quiso honrarlo y darle la vigencia que merece en la ciudad de las diagonales, donde junto a Ricardo Balbín empezó a forjar el sueño de algún día poder sentarse sillón de Rivadavia. 
     
    La idea de reconocer al padre de la democracia de la manera más austera, se fue cocinando a pulmón y a fuego lento, como a él le hubiese gustado. Ni siquiera se requirió el aporte público. El Comité Provincia, dirigido por Daniel Salvador, y la Junta Central de la UCR, a cargo del concejal platense Claudio Frangul, fueron los encargados de juntar el dinero peso a peso. En esa dirección, formaron una comisión pro monumento, después que el escultor Carlos Benavídez asumiera el compromiso de donación de la obra (FOTO). La comisión debió buscar entonces los recursos para aportar los materiales. En ese sentido, se lanzaron a la venta 1.260 estatuillas de escritorio numeradas  y realizadas por el propio Benavídez. A un precio de 1.200 pesos cada una, permitió reunir la suma requerida."Nos compraron bustos personas de todo el país y del exterior", reveló el propio Salvador. Explicó que así solventaron el gasto, porque "el artista donó al Senado la escultura" y a su vez ellos hicieron lo propio al Municipio.
    Este monumento que homenajea a Alfonsín como "padre de la democracia moderna", será inaugurado el viernes 20 de este mes en la Plaza Moreno. El vicegobernador bonaerense, anticipó que el monolito que se ubicará en la emblemática plaza, en la zona lindante a las calles 12 y 53 ."Será un reconocimiento a quien se animó a hacer lo que había que hacer con una visión de estadista.Tuvo el valor para terminar con la impunidad para quienes daban golpes de Estado, fue el presidente que hizo conocer la verdad a través de la Conadep y que avanzó en la Justicia siguiendo el debido proceso para condenar y encarcelar a quienes fueron responsables de esa etapa negra en la Argentina", precisó Salvador.
    El funcionario además sostuvo que "es la oportunidad para que en la plaza central de la capital de la provincia de Buenos Aires se ponga un monumento de dos metros de altura hecho de bronce por el escultor Carlos Benavídez y financiado gracias a la participación colectiva".
     
    UNA ESTATUA DE MAS DE DOS METROS
     
    "Los artistas hacemos eso: de una u otra forma contamos la historia”, ejemplificó Benavídez cuando se le consultó por este proyecto sin omitir que en su trayectoria y obra figuran estatuas que homenajean a deportistas, artistas y al ex presidente Juan Domingo Perón. A pesar de vivir en la Ciudad de Buenos Aires, ya hay una huella suya en nuestra ciudad: la escultura en homenaje a Mercedes Sosa que se emplazó en el Paseo del Bosque.
    La imagen de Alfonsín no será un busto. Se trata de una figura de cuerpo entero en una posición dinámica y medirá más de dos metros. “Será de bronce, como todo lo que tiene destino de eternidad”, comentó el escultor. “Cuando nosotros no estemos, la escultura seguirá ahí, para la posteridad, como el sistema democrático que el ex presidente contribuyó a reparar luego de una etapa tan nefasta de nuestra historia”, agregó.
    Y sobre la elección de la imagen, contó: “Consulté a todo el mundo, a amigos de él, a historiadores, a ex funcionarios. Miré fotos y pregunté y la imagen de cómo debía ser la estatua se me vino inmediatamente a la cabeza: todos me decían que Alfonsín era un hombre que escuchaba y que muchas veces lo hacía caminando. Por lo tanto, busqué inmortalizarlo escuchando al pueblo y caminando hacia el futuro”.
    La imagen del líder radical estará tal vez como un aporte para ir cerrando grietas ideológicas, justo a 100 metros del monumento de Perón y Eva. Sólo separado por el arquero griego en posición de disparo de su flecha al rosetón de la catedral. 
    Como la arquitectura, las plazas cada seis cuadras, los triángulos en los frontispicios de los Palacios y el mito de los túneles, son legados fundantes de la mazonería. Otras cuestiones quedan en habladurías. Tal la maldición de la bruja (1882) cuando predijo, en esta misma Plaza Moreno, que ningún gobernador de Buenos Aires accedería a la presidencia de la Nación. El propio Dardo Rocha habría podido dar fe de ello, llegado el caso. Otro gobernador, en 2015, descuidó ese detalle. Los presidentes Juan Perón y Raúl Alfonsín nacieron en Buenos Aires. Ni cerca anduvieron de la gobernación provincial. Quietos en el bronce, aparecerían por encima de todas esas supercherías. Además, desde 2010, también comparten cercanía en el Salón de los Bustos de la Casa Rosada.
    Aún recuerdo el día que asumió Alfonsín. Traje azul, corbata gris, anteojos y con cabello oscuro. Ese día, se sentó frente al Congreso aquel 10 de diciembre de 1983 para hablarle al país después de 7 años de la más oscura y sangrienta dictadura militar. Sabía que le tocaba la misión más difícil: cortar de cuajo los últimos resabios de una víbora de 7 cabezas que se negaba a entrar en retirada sin antes intentar todo para sobrevivir.
    Pero aquel caudillo que vino de Chascomús a domar los potros indómitos de la violencia y la intemperancia, tenía claro lo que había que hacer. Disparó una frase contundente que aún eriza la piel. " Con la democracia no solo de vota, sino que también se come, se educa y se cura". Hoy 36 años después, la realidad argentina demuestra que aquella convicción sigue siendo una asignatura pendiente del sistema democrático.
     
    UN CAMBIO DE PLANES QUE ALTERO LA HISTORIA
     
    Tuve oportunidad de conocer y entrevistar a ese hombre nacido el 12 de marzo de 1927 en Chascomús. Políticamente, fue el heredero de Ricardo “El Chino” Balbín. Fue su discípulo, y más tarde, su más fuerte contrincante interno. Recuerdo que en aquel momento desde el entorno radical me revelaron pormenores de que fue esa interna. Cuenta la leyenda que Balbín llamó telefónicamente a Alfonsín. Se reunieron en la casona de la calle 49 y 12. Balbín le confió que estaba viejo y que el radicalismo necesitaba renovarse. "Salga Raúl y camine la Provincia", le dijo don Ricardo. Pasaron meses y después que Alfonsín cumpliera el cometido, regresó a recibir la bendición final de su jefe. Para ese entonces, el líder radical inesperadamente cambió el discurso y argumento: "Mire Raúl, yo me quería retirar, pero los correligionarios me piden que continúe".  No se sabe si hubo portazo, pero Alfonsín se fue decepcionado. Lejos de bajar los brazos, tomó energías y fundó Renovación y Cambio, que se constituyó entonces en la agrupación mayoritaria de la UCR. Se impuso en las elecciones internas para cargos partidarios realizadas en las distintas provincias, ganando el Comité Nacional cuya presidencia fue ocupada por Alfonsín y, en alianza con Línea Córdoba (Víctor H. Martínez) y con la aquiescencia de sectores de la desgajada Línea Nacional, obtuvo la designación de Raúl Alfonsín como candidato a presidente, quien finalmente resultaría triunfante en las elecciones presidenciales del 30 de octubre de 1983.
    Alfonsín tuvo un amplio triunfo en todo el país.Parte de ello tiene que ver la quema de un ataúd en un multitudinario acto de cierre de campaña del peronismo en la 9 de Julio. El dirigente Herminio Iglesias, fue el autor de ese desatino que demostró que la ciudadanía a esa altura condenaba cualquier gesto de omnipotencia y lo demostró en las urnas. Paradójicamente en La Plata, el líder radical cosechó también una avalancha de votos, después de haber llenado el viejo estadio de Estudiantes ubicado sobre la calle 1 y 55. Ese día quedaron varias cuadras de ciudadanos sin poder entrar. En la previa a los comicios, en la redacción de Diario Popular pusimos una urna para medir el voto y Alfonsín también arrasó.
    Hay que resaltar que durante el gobierno de Alfonsín (1983-1989), las relaciones internas de la UCR estuvieron marcadas por el enfrentamiento entre "los históricos" y la Coordinadora, aún dentro del Movimiento de Renovación y Cambio, que continuó formalmente como sector interno liderado por Alfonsín luego de finalizada su presidencia.
     
    EL PRIMER TRASPIE CON EL SINDICALISMO
     
    La voz resonante que erizaba la piel hasta cuando pedía un médico en medio de la multitud, el gesto firme y una idea de convocatoria clara hicieron parte considerable de su victoria. Doce puntos porcentuales separaron una alternativa de la otra, diferencia casi abismal tratándose del peronismo, en su primera derrota. Germán López, secretario general de la Presidencia, un hombre tan honesto como antiperonista, se constituyó en su consejero y mano derecha. En este contexto se debe ubicar el intento de disputarle los sindicatos al peronismo con la ley de reordenamiento sindical que impuso su ministro de Trabajo, Antonio Mucci, pasajero de la historia, un asunto instalado en el mismo espíritu de sus denuncias en la campaña de un "pacto sindical-militar".
    Resultado: un fracaso a cien días de iniciado su gobierno cuando el proyecto fue rechazado con el voto del neuquino Elías Sapag en el Senado. Caían también las aspiraciones del "tercer movimiento histórico", que alentaba la Coordinadora para absorber al peronismo en una nueva corriente de acción popular transformadora. Sin embargo, las razones del progresivo deterioro provinieron del frente militar.
    Alfonsín quiso contener con el juicio a las tres primeras juntas y algunos pocos jefes, el proceso de justicia respecto de la emisión de órdenes y de los excesos en su cumplimiento. Pero una modificación a la ley que reformó el Código de Justicia Militar (la introdujo el mismo senador del Movimiento Popular Neuquino) terminó abriendo juicios para otros responsables. No hubo modo de detener la avalancha de procesos, con resistencias en el frente militar. 
     
    LA SEMANA SANTA QUE PUSO EN VILO AL PAIS
     
    Comenzaron entonces los pasos hacia atrás, como la ley de punto final, aprobada en diciembre de 1986.
    Pero la herencia de la dictadura estaba lejos de morir. En la Semana Santa de 1987 Alfonsín soportó la primera de tres sublevaciones militares que encabezaron Aldo Rico y Mohamed Alí Seineldín.
    "La casa está en orden y no hay sangre en la Argentina. Felices Pascuas", saludó el Presidente, terminada la sublevación, desde de la Casa Rosada a los miles que se habían movilizado para defender la democracia.
    Pero la casa no estaba en orden, y Alfonsín, que ya había sancionado la ley de punto final (fijaba un límite de 60 días a las acciones penales contra militares) creó la ley de obediencia debida, que exculpaba a los oficiales que actuaron obedeciendo órdenes. Y después de la rebelión, la sanción de una nueva ley de obediencia debida, que en los hechos significó una amnistía encubierta. 
    El 6 de septiembre de ese año, el radicalismo perdió la elección en la estratégica provincia de Buenos Aires y Antonio Cafiero, sucesor del radical Alejandro Armendariz, se constituyó en el referente que colocaba el primer mojón para la resurrección del peronismo.
    Alfonsín, hombre de sueños, quiso trasladar la Capital Federal y hasta logró la ley respectiva; quiso, también, modificar la Constitución, que quedó en un proyecto en el Congreso. Finalmente, una crisis hiperinflacionaria lo arrancó del gobierno, que debió entregar antes, en medio de un gran acuerdo político que hizo posible lo que la Carta Magna no contemplaba. Volvió al llano y al partido. Sus correligionarios no quisieron, ni hubieran podido soslayarlo, con lo cual, al tiempo, volvió a tener peso específico propio. En esa condición, en la importancia de su nombre y trayectoria, fue que el 4 de noviembre de 1993, pudo él y sólo él arribar a un pacto casi en las sombras con Menem, requerido por éste de mil formas, para lograr su reelección.
     
    LA OPOSICION CLARIVIDENTE A LA GUERRA DE MALVINAS
     
    El Pacto de Olivos, formalizado por ley en diciembre de ese año, permitió la declaración de la necesidad de la reforma, incluyendo en ella lo que quería el radicalismo. A Menen le bastaba con que le permitiera quedarse un período más en Olivos (cuatro, en lugar de seis años). Había en esa decisión de caudillo yrigoyenista una certeza verificable: el peronismo (todo el peronismo) iba a ser lo imposible para conseguir esa ley, a cualquier precio, de cualquier manera. 
    Desde entonces Alfonsín fue también un poco Balbín y, al mismo tiempo, otro Alfonsín, capaz de enseñar desde sus frustraciones y de reírse de ellas. Había llegado a grandes conclusiones como aquella de "los radicales no amamos el poder", para demostrar que se lo ejercía como un compromiso cívico, a diferencia del peronismo que lo quería porque sí, cualquiera sea el uso que hiciera de ese poder. Se permitió también neutralizar una tercera fuerza que venía como cuña a quebrar el bipartidismo, abriendo el radicalismo -fuerza difícil para esta clase de acuerdos- a una Alianza que lo llevaría al gobierno. Así fue como Fernando de la Rúa, crecido bajo la manta balbinista, a quien Alfonsín había pulverizado en la interna de 1983, llegó a la presidencia de la Nación.
    En 1982, ante la Guerra de las Malvinas, Alfonsín, asesorado por un grupo de intelectuales como Jorge Roulet, Dante Caputo y Jorge Sábato, fue uno de los pocos políticos argentinos que se opuso a la acción militar en las islas Malvinas y sostuvo que su finalidad era lograr el fortalecimiento de la dictadura. Exigió al gobierno militar que proveyera información verídica sobre la marcha del conflicto.
    Este mismo grupo influyó en la decisión de Alfonsín en promover la caída de la Junta de Comandantes encabezada por Galtieri, proponiendo que asumiera un gobierno civil de unidad nacional conducido por el ex presidente Arturo Illia con el fin de proceder a la democratización.
     
    EL ULTIMO ADIOS DE UN PUEBLO ACONGOJADO
     
    Alfonsín falleció a los 82 años, el 31 de marzo de 2009, debido a un cáncer de pulmón y luego que su salud se viera agravada, por una neumonía broncoaspirativa.
    El Gobierno decretó tres días de duelo nacional y sus restos fueron velados desde primeras horas del 1 de abril de 2009 en el Salón Azul del Congreso Nacional al que concurrieron además de autoridades y políticos de distintos partidos un número aproximado de 80 mil personas. La multitud debió esperar en fila entre cinco y seis horas. Al día siguiente, sus restos fueron llevados en una cureña militar escoltada por el Regimiento de Granaderos a Caballo al Cementerio de la Recoleta, en Buenos Aires. Los restos descansaron provisoriamente en la bóveda de los caídos en la Revolución del Parque hasta que luego fueron trasladados a un monumento individual en el mismo cementerio en un lugar construido sobre mármol gris y beige, donde hay una cruz en lo alto y un luminoso vitraux por el que entra una luz tenue.
    La frase del preámbulo de la Constitución Nacional que Alfonsín solía repetir durante la campaña presidencial está grabada sobre un mármol, como reseña de sus intenciones y legado: "... Con el objetivo de constituir la unión nacional, afianzar la justicia, consolidar la paz interior, proveer la defensa común, promover el bienestar general y asegurar los beneficios de la libertad para nosotros, para nuestra posteridad y para todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino... Tal vez ahora, con su recuerdo imperecedero desde el bronce en la plaza Moreno, muchos estén llamados a refrescar su aporte a la democracia, como una manera de ir cerrando la grieta.
     
    *Jorge Joury es licenciado en Ciencias de la Información, graduado en la UNLP y analista político. Además, fue declarado personalidad destacada del periodismo por el Concejo Deliberante de La Plata. Su correo electrónico es jorgejoury@gmail.com. Si querés consultar su blogs, podés dirigirte al sitio: Jorge Joury De Tapas. 
     

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