sábado 04 de diciembre de 2021 - Edición Nº2992
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EDITORIAL Como dice la canción: usted preguntará por qué cantamos

Demás está decir que lo que el peronismo celebró en la noche del último domingo no fue una victoria en términos numéricos. Pero tampoco es verdad que celebró y celebra una derrota, como se pretende decir para bajarle el precio a un episodio cuya importancia quizá no alcance a medirse ahora en su totalidad. O que a los charlatantes del comentarismo militante nos les convenga mencionar.


Demás está decir que lo que el peronismo celebró en la noche del último domingo no fue una victoria en términos numéricos. Pero tampoco es verdad que celebró y celebra una derrota, como se pretende decir para bajarle el precio a un episodio cuya importancia quizá no alcance a medirse ahora en su totalidad. O que a los charlatantes del comentarismo militante nos les convenga mencionar.
Para entender por qué hoy canta el peronismo pese a haber sido derrotado en las urnas acaso haya que ir bastante atrás en el tiempo y ver la matriz ideológica de sus enemigos y sobre todo, sus planes. Para resumirlo: hace 70 años que el peronismo es amenazado y combatido por un conjunto de factores de poder referenciados en 1.000 familias patricias y aliados viejos y nuevos como los radicales de la moderna UCR que reniegan de las históricas banderas de Irigoyen y Alfonsín, para ocupar el furgón de cola de un nuevo Partido Conservador. Esas fuerzas hace 70 años que tratan de llevar a la Argentina a su etapa pre peronista para poder hacerla rentable, viable a sus intereses y los intereses de sus aliados o patrones de afuera. En 2015, después de tantos años de espera para poder hacerlo sin cuarteles, armas, torturas y desapariciones, lograron poner en marcha el plan en democracia. Le ganaron en las urnas a un peronismo sacudido internamente, poco propenso al acuerdo interno y con la resultante de haber puesto en cancha a los peores candidatos posibles tanto a nivel nacional como bonaerense. Pero ese sueño de iniciar en democracia esa "revolución anti peronista" que cambie la matriz de derechos que tanto los aqueja y que para ellos es el motivo por el que este país no ha llegado a ser como Australia, les duró poco.
Pese al formidable aparato mediático, la complicad con algunos formadores de precios y otros factores de poder, no pudieron.
Ahora, aprovechando los devastadores efectos de una pandemia mundial y la falta de reflejos de un presidente impensado, volvieron a la carga. El escenario no podía resultarles mejor. No hay mejores aliados que la muerte y la pobreza para construir un discurso opositor por oposición misma, sólo con el afán de destruir. De ahí la aparición de los comentaristas charlatanes militantes anunciando el caos en cada renglón.
En la previa a las elecciones del domingo pasado, ese pésimo empleado que al poder corporativo les resultó el ex presidente Mauricio Macri, tuvo dos actos fallidos. Primero dijo que si él hubiese conservado el poder "con el FMI arrreglaba en cinco minutos". Lo dijo luego de haber confesado que la deuda pornogáfica que tomó su gobierno había sido destinada "a los bancos" y no a pagar la deuda social interna de la que cuatro años después se hace cargo el peronismo.
Luego, Macri habló de transición del poder, dando a entender que esta elección legislativa, donde no se eligen choferes sino pasajeros, podía abrir el camino a un golpe de Estado blando que termine de una vez por todas con esa piedra en el zapato que les significa el peronismo y, particularmente, el kirchnerismo.
El plan volvió a fallar, pese a que los números parezcan decirles otra cosa. Por eso las caras largas del domingo a la noche, por eso esa suerte de "indignación" ante quienes cantan cuando no deberían cantar.
Su plan necesita, siempre lo necesitó, de un peronismo en silencio.
Falló el plan porque más allá de los números del domingo el peronismo les mostró que está vivo. Que como dice la canción, no puede ni quiere dejar que las históricas conquistas sociales que pretenden barrer siniestros personajes como López Murphy y el émulo de José Ottavis, Martín Tétaz, se hagan cenizas. Porque no es bastante el llanto ni la bronca.
El peronismo canta porque el caos se quedó con las ganas y ya pasó la pandemia. Y vienen dos años de un gobierno como el que debió haber sido sin una pandemia mundial en medio.
Canta el peronismo porque sus sobrevivientes así lo piden. Canta por la militancia y por la vida.
Canta hoy el peronismo porque el rio está sonando y cuando suena el rio, suena el rio.

 

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