martes 25 de enero de 2022 - Edición Nº3044
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Justiciero en el Tren Roca: por bluetooth le mete gemidos sexuales a los que escuchan música con los parlantes al taco

El héroe anónimo se llama Nicolás y accedió a contar su secreto a un portal de noticias. Es el terror de los "muscalizadores prepotentes" a los que no les dan las manos para bajar el volumen cuando empiezan a sonar quejidos en vez de su regetón.



En un reportaje exclusivo un joven con leve autismo reveló al portal Infocielo como realiza intrusiones en los molestos parlantes bluetooth de pasajeros en el tren Roca y el subte. Es un justiciero lisa y llanamente que pone en su lugar a los que se orinan, por no decir lo otro, en los demás.

Aqui la nota y aplauso, medalla y beso para este Robin Hood ubano.
Desde hace unos meses, casi como una leyenda urbana se comenta entre pasajeros del tren Roca en su ramal La Plata-Plaza Constitución que varias personas que suelen colocar música fuerte a través de sus parlantes personales de alta potencia conectados a sus teléfonos celulares por bluetooth, se ven obligados a rápidamente tener que apagarlos, porque de repente la música que habían colocado se transforma en explícitos gemidos sexuales que avergüenzan al propietario del parlante, el cual frente al bochorno público decide no volver a encenderlo por el resto del viaje, para el alivio de los demás pasajeros que comparten vagón con él.


Este "mito urbano" de los gemidos no es una invención caprichosa ni mentirosa sino una absoluta realidad a la que INFOCIELO tuvo un acceso casual, y que representa una historia que merece la pena ser contada.
Existe una razón casi épica y de película para que esta abrupta intrusión con gemidos sexuales en el parlante ajeno lleve algo de justicia poética a los pobres pasajeros que no desean sumarle una contaminación auditiva más a las varias que ya existen en el tramo de poco más de una hora que dura el viaje entre las dos cabeceras de ese ramal del Tren Roca.

Vendedores, músicos amateurs, personas pidiendo limosna y varias situaciones más ya pueblan ese viaje lo suficiente como para además sumarle usuarios que desean "socializar" sus gustos musicales con parlantes bluetooth para que obligatoriamente el resto deba "gozar" de su música a "todo lo que da".

Pocas situaciones son más molestas para las personas con TEA (Trastorno del Espectro Autista) que los sonidos de volumen elevado, y más cuando no tienen manera de controlarlos y deben soportar estoicos como, a pura prepotencia, el prójimo molesta su paz sin razones que lo justifiquen.

Esta es la razón por la cual un muchacho a quien denominaremos "Nicolás", de poco más de 20 años, con una leve condición autista, cansado de tener que oir la música que otros decidían colocar a pura potencia en el vagón del tren Roca que lo lleva y trae a su trabajo en CABA desde La Plata, decidió aplicar sus vastos conocimientos tecnológicos por ser nativo digital, e intervenir a lo "Robin Hood" para librarse él (y de rebote al resto del pasaje) de los molestos sonidos impuestos por inescrupulosos compañeros ocasionales de viaje que nada les interesa el bienestar y el confort auditivo de los demás.


INFOCIELO: ¿Qué actitud tomaste cuando empezaste a trabajar en Buenos Aires y en el tren casi a diario se ubicaba alguna persona con su parlante bluetooth y colocaba música fuerte?

NICOLÁS: Yo no soy muy bueno hablando y era una gran frustración saber que si le pedía por las buenas que apagara el parlante iba a terminar a los golpes, entonces se me ocurrió un método más silencioso y difícil de descubrir para evitar esa molestia constante sin tener un conflicto.

I: ¿En qué consiste el método que descubriste?

N: No es nada del otro mundo. Es algo que al menos por ahora hasta que la tecnología cambie o los que ponen música fuerte por bluetooth aprendan un poco más, no requiere ninguna ciencia.

I: Pero, ¿podés revelar ese secreto?

N: Sí, no solo revelarlo sino incitar e invitar a todos aquellos que sepan hacerlo ya sea que sufran autismo o no, pero les moleste la contaminación auditiva, lo pongan en práctica.

I: Bueno, ¿y cómo es?, ¿qué debe hacerse para intrusar un parlante?

N: Es muy fácil. Con tu propio celular, cuando ves que alguien se prepara para colocar música en el vagón, activás tu bluetooth y enseguida que te aparece el dispositivo lo hacés vos primero y le mandás el sonido que quieras para perturbar al "musicalizador prepotente". Se va a desesperar, lo va a apagar, y quizás intente encenderlo nuevamente por lo que tendrás que estar atento para repetir el proceso hasta ganar por cansancio

I: ¿Y por qué decidís colocar gemidos sexuales luego de intrusar el parlante bluetooth?

N: Porque por experiencia y error noté que la vergüenza que pasa ese musicalizador compulsivo es mayor si el sonido que interfiere su parlante le produce un bochorno ante el resto del pasaje, y tal es su incomodidad que desiste de volver a encenderlo, porque los demás lo miran con cara de que es un pervertido.

I: ¿Nunca te descubrieron?

N: Es muy difícil, o te diría imposible, en un vagón en donde hay más de 40 personas y un mínimo de 30 está mirando su celular, detectar quien es el que provoca el atentado intrusivo al parlante bluetooth.

I: ¿Qué es lo más extraño que te pasó en una situación así?

N: Lo debo haber hecho hasta ahora unas 60 veces entre el tren Roca y los subtes de la línea C y D, y varias veces el dueño del parlante se ha llegado a bajar en la estación siguiente al tramo en que le mandé los gemidos sexuales.

I: ¿Avergonzado?

N: Exactamente

I: ¿Nicolás, pensás continuar con esta práctica que ya se convirtió en una leyenda urbana entre los usuarios del tren Roca?

N: Ojalá no me vea obligado a seguir haciéndolo porque los autores de invadir el espacio auditivo de los demás aprendan a respetar, o porque las autoridades de trenes argentinos tomen cartas en el asunto y prohíban la música fuera de los auriculares personales en las formaciones, pero mientras eso no suceda, tendré que continuar intrusando los parlantes bluetooth que sean necesarios. Y quizás redoble la apuesta con contenido aún mas bochornoso para provocar la mayor vergüenza posible en los prepotentes "dueños de la música" del tren Roca La Plata-Constitución

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