domingo 2 de agosto de 2026 - Edición Nº4694

PERIODISMO DE PERIODISTAS | 2 Aug

Harry Milei y la orden de la Rosca Floja

Por Carlos Caramello. - “No lo recuerdo al señor…  - Me parece un desconocido visto de atrás”. Jorge Luis Borges – Adolfo Bioy Casares.


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“No lo recuerdo al señor… 

Me parece un desconocido visto de atrás”.

Jorge Luis Borges – Adolfo Bioy Casares

 

 

Todo empezó en Brasil, durante la “escapadita” para apoyar la candidatura de Flávio Bolsonaro (porque total, acá, en Argentina, no pasa nada… está todo bien). Sobregirado, como le ocurre cuando no lo medican adrede, Harry Milei ofreció un show ignominioso, insultando al presidente Lula, al juez Alexandre de Moraes y bailando su propio pogo personal al punto de, como de costumbre, terminar exhibiendo su consabido pañal. Continuó en Perú, donde asistió a la asunción de la nueva presidenta, Keiko Fujimori y, de paso, recibió otro doctorado trucho de otra universidad ídem, la San Martín de Porres, que también ha reconocido con esa distinción a personalidades como Joseph Ratzinger, Mario Vargas Llosa y Guillermo Lasso, todos de la derecha rampante. 

Volvió a la Argentina para hincarse a los pies de Kristalina “Umbridge” Georgieva, que pasó en vuelo rasante para bajarnos línea y sentar sus reales y culminó con una Cadena Nacional grabada en donde anunció su proyecto de modificación de la Carta Orgánica del Banco Central con un montón de datos falsos entre los que coló que la inflación de 1935 a la fecha resultó del 12.819.532.788.614.400.000%, un dislate que apenas si sirve para entender que el tipo no está bien.

Da vergüenza. Da rabia. Da miedo. La escalada de violencia inútil; la peligrosidad de su discurso delirante; la sarta de mentiras, invenciones engañosas, falacias argumentativas y embustes de todo tamaño sumados a los insultos, las vulgaridades, la soberbia, la mitomanía y otras psicopatías varias hacen muy difícil estar allí, tratando de analizar la locura, la inmoralidad y el deterioro de un personaje roto que goza destrozándonos la patria. 

Duele tanto verlo a él como ver a buena parte del país haciéndole los coros; sobre todo esa Argentina de los poderosos, los cínicos y los aprovechados. Dirigentes políticos, sociales y empresariales capaces de las más despreciables iniquidades a cambio de unos estipendios, no importa en qué cantidad ni en qué moneda: siempre escasos para pagar el sufrimiento de millones que, perdido todo, entregan hasta el honor. 

Pero lo que más duele, lo que angustia y desespera, es la quietud de millones. La resignación disfrazada de arrogancia. La necedad con los ropajes de la suficiencia. La ignorancia supina de esa clase media fatua que ha recibido educación, salud, todas las oportunidades y ventajas de gobiernos que administraron a favor del pueblo; que ha viajado, que ha ahorrado y que hoy, en la más absoluta lona, empujada al averno del monotributo, el laburo de plataformas y los créditos impagables, se niega a reconocerse en el espejo de su propia decadencia y, pour la gallerie, se inmola en el altar de quién sabe qué cambio. 

VIRREINATO DE REDES

Juan José Castelli, la voz de la Revolución de Mayo, fue encomendado por la Primera Junta para detener la insurrección que había nacido en Córdoba, encabezada por Santiago de Liniers, ex virrey y héroe porteño durante las invasiones inglesas. El levantamiento fue rápidamente sofocado y los conspiradores aprehendidos. Llegó entonces la orden de fusilarlos y “el orador de Mayo”, como lo conocían sus compañeros, no dudó ni un instante. “Castelli no era feroz, ni cruel; obraba así, porque así estábamos comprometidos todos a obrar… Hombres de nuestro temple no podían echarse atrás”, lo explicaría, luego, Nicolás Rodríguez Peña. Había que hacer lo que había que hacer. Y se hacía. Un patriota… distinguido y “recordado” con un pasaje de apenas 4 cuadras que se pierde en el corazón del Once comercial y al que se conoce como “la calle de las bombachas”

Juan Manuel de Rosas, el prócer que nombró a nuestra patria: Confederación Argentina; el que dictó la Ley de Aduanas; el que sancionó la Ley Agraria; el que creó la Casa de la Moneda; el que dio la gloriosa batalla de la Vuelta de Obligado gracias a la cuál celebramos hoy el Día de la Soberanía nacional; el hombre al que el General San Martín le legó su sable “como una prueba de la satisfacción, que como Argentino he tenido al ver la firmeza que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los Extranjeros que tratan de humillarla”; otro de los que nunca se echó atrás. No se lo recuerda ni se lo homenajea en ninguna de las arterias porteñas; ni en las importantes ni en las secundarias. Alguna vez, durante el tercer gobierno de Perón, una avenida del barrio de Belgrano llevó el nombre del Brigadier General pero, los “nacionalistas” del Proceso prefirieron que recuperara el de Monroe, en honor al quinto presidente de los Estados Unidos.

Bernardino Rivadavia, personaje escurridizo del que los argentinos harían bien en recordar que pretendía asesinar a San Martín cuando éste quería regresar a la patria y que, con su pedido de un crédito por 1 millón de libras esterlinas a la compañía bancaria londinense Baring Brothers dio inicio a la deuda externa de nuestro país, hizo todo lo contrario a lo que se debía. Porque el dinero nunca llegó. Y los papeles que sí llegaron (menos de la mitad del monto del empréstito) no cumplieron los objetivos por los que el dinero había sido solicitado. Y, sin embargo, la Avenida que atraviesa de este a oeste la capital de la Argentina, la más larga e importante de la ciudad con sus 35 kilómetros de extensión, lo distingue: el del presidente más entreguista hasta Javier Milei. 

Hay, de alguna manera, un falseamiento de la historia. Una suerte de decisión de birlarnos el sentido y fin de la construcción de nuestra patria. Un manejo artero de la importancia de nuestros héroes por exaltación u ocultamiento a la hora del homenaje que representa, por ejemplo, el nombre de una arteria. Y también una flagrante deshistorización. En esa lógica mentirosa; con esa herramienta perversa, los argentinos hemos crecido en el entendimiento de que, por ejemplo, la deuda externa pueda ser algo normal; que defender nuestra soberanía es cosa de tiranos y que la justicia social “es una aberración” y una “cuestión de ladrones”. 

Por eso Kristalina “Umbridge” Georgieva, titular del Fondo Monetario Internacional (con el que nuestro país tiene una deuda de más de 57.000 millones de dólares, todos tomados por Luis Caputo como ministro de Macri y de Milei) puede llegar a la Argentina y, con el beneplácito del profesor “Severus” Trump, presidir una reunión del Gabinete Nacional, dar una conferencia de prensa en inglés en la que nos indica cómo debemos vivir y sufrir, y luego darse una vueltita por Vaca Muerta, la segunda reserva de gas no convencional y la cuarta de petróleo no convencional del mundo, como quien pasea por el jardín de su casa. 

Y no pasa nada. No se llenan las calles de argentinos repudiando su presencia; no hay marchas y/o manifestaciones y/o movidas para echarla a ella y a su nefasto organismo multilateral de crédito para siempre. Un proyecto de ley de Máximo Kirchner para “ordenar” la relación con el Fondo; alguna nota de rechazo; un emoji de desagrado, y la invisibilización de cualquier declaración relevante en contra de la presencia y de las impertinencias de Georgieva, como la del gobernador Kicillof. Somos lo que hacemos y, de verdad, no hacemos lo necesario. Ni siquiera lo imprescindible. Y en esto, el FMI tiene cómplices que exceden a Milei.

PELEA EMBRUJADA

Los libertarios no saben negociar. Tienen la materia rosca política flojita. Compran bien, eso sí. Porque compran de a uno. Y extorsionan mejor. Pero del arte del consenso, ni mu. Por eso cuando tienen que discutir sus roles y espacios internos, todo se vuelve una bolsa de gatos con un perro adentro. 

Esta semana, la vicepresidenta, Victoria “Minerva” Villarruel -la bruja buena (?)le cortó el rostro a su compañero de fórmula con el asunto de su estabilidad emocional. “Me preocupa profundamente que el presidente de la Nación replique insensateces e inventos. Tengo genuina preocupación por su estado y por las persecuciones imaginarias que replica en Argentina y el exterior”, tuiteó luego de que Milei le diera RT a un delirante post de Lilia "Bellatrix" Lemoine. Presto al combate con varitas mágicas virtuales, llegó el nuevo alcahuete presidencial, Diego “Colagusano” Santilli (recordar que ese animago se convierte en rata) para pedirle la renuncia a la Vicepresidenta. ¡Caramba con los institucionalistas de baja intensidad! 

¿Diferencias ideológicas? Negocios. Sólo negocios. Faltando más de un año para las elecciones de 2027, los personajes se están midiendo la ropa y, según la encuesta que te muestren, Victoria “Minerva” Villarruel mide mejor que cualquiera de la casa libertaria. Pero en los alrededores del presidente, necesitan otra realidad: Karina “Lucius” Milei ha dado órdenes precisas para que no les escupan el asado a la hora de los otros brujos; los nuevos hechiceros de Silicon Valley. Esos que verán como su emprendimiento en la Argentina se concreta o se frustra dependiendo de cómo salga la votación del próximo jueves en el Senado. 

Peter “Scrimgeour” Thiel y su banda de mortífagos espera que se derogue la Ley de Tierras para reconfigurar económica, demográfica y territorialmente nuestro país. También piensa aprovechar los incentivos del Super RIGI. Esto, sumado a la mano de obra barata y la visión de un Estado concebido como maquinaria bélica nos proyecta una Argentina en serios problemas, todos vinculados al
aceleracionismo, el transhumanismo y la desregulación tecnológica. 

¿Puede fallar? Seguramente. La palabra y la acción del pueblo comienza a manifestarse. Pero, si eso ocurriese, nos quedarán los daños ambientales y humanos que produzcan estos tecno-feudales que, si protestamos, acudirán al CIADI reclamando la “estabilidad jurídica” que promete y garantiza la legislación que promueve Milei. Todo ganancia. Ninguna pérdida para los nigromantes de la Inteligencia Artificial. 

¿JUECES O DEMENTORES?

En esta película repleta de malos, el peor -sin lugar a dudas- es Mauricio “Voldemort” Macri: dueño de medio centenar de jueces (tal vez algunos más) que por su estratégica distribución han amañado toda posibilidad de justicia en la Argentina. Esto debiera ser tenido en cuenta por Cristina Kirchner, su entorno político y sus abogados que, legítimamente (porque todo mundo tiene derecho a llevar su defensa a las últimas instancias) han pergeñado una acción para liberarla en tribunales internacionales. 

A través de una carta abierta, la ex presidenta dio a conocer su futura estrategia. Para llevarla a cabo se sumaron al equipo que coordina el Dr. Carlos Beraldi, dos nuevos abogados, el español Javier Borrego y el brasileño Rafael Valim, este último ligado a la liberación del presidente Lula Da Silva. En ese espejo se mira Cristina Kirchner que hará cuatro presentaciones ante el Comité de Derechos Humanos de la ONU: una medida cautelar para revertir su inhabilitación política, otra para cambiar las condiciones de su prisión domiciliaria, una tercera para modificar la composición de la Corte Suprema y, la cuarta, avanzar sobre el tema de fondo. 

Pero Argentina no es Brasil. Nuestra burguesía nacional tiene menos de nacional que de burguesía, mire. Y la Justicia, por estos sures, está lo suficientemente cooptada como para que las cosas no funcionen como en tierras cariocas, donde el Supremo Tribunal Federal, cuando observó que Bolsonaro les destruía el país, fueron a buscar al único que podía remediarlo y a quien ellos mismos habían metido preso: Lula. 

Por eso hay que mirar para el lado de los jueces que responden a Macri; de los empresarios que prefieren perder dinero antes que tener al peronismo en el poder y de las operaciones de prensa inteligentes, como el análisis de Carlos Pagni en el ciclo “Nube de Palabras”, que conducen Diego Sehinkman y Carlos Manzoni en NOW97.9. En ese programa de entrevistas, el analista político número 1 de la derecha vernácula (muy por sobre los sicarios mediáticos pagos por el mileísmo apátrida) elaboró una teoría sobre la posibilidad de un pacto entre el Presidente y Cristina que, a cambio de su libertad (vía indulto), rompería el peronismo a favor de una reelección del líder libertario. Claro que lo dice Pagni, hombre de La Nación, ligado a Mauricio Macri (que también coquetea con el 2027) y operador de lo más conspicuo del Círculo Rojo. 

“Nada nuevo bajo el sol” dice el Eclesiastés. Especulaciones. Sentencias. Más operaciones mágicas que en el Hospital de Hogwarts. Más soledad que la del verdadero Harry Potter llegando al Andén 9 y ¾ de la estación de Londres. Algunos piensan en la batalla final. Otros creen que sólo se trata de humo de colores que distrae la atención de los pocos que, de verdad atienden. Acaso falte en la saga el capítulo “Harry Miley y las reliquias del pañal sucio”… pero todavía hay que escribirla. 

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